Una radiografía al patio de recreo

ARTÍCULO 36 300x225 Una radiografía al patio de recreoUna de las instalaciones que captan la atención y el interés de cualquier escolar es, sin duda, el patio de recreo, ese lugar de ocio, de juego espontáneo y dirigido donde se sienten a la vez, protegidos, desinhibidos, partícipes de sus propias creaciones y vinculados a la realidad exterior que tanto les gusta.

Pero ¿realmente constituye esta zona común de actividad lúdica el lugar privilegiado para que los preescolares, por ejemplo, desarrollen esa personalidad equilibrada que padres y educadores perseguimos? Reflexionemos, pues, sobre dicho espacio.

Contextualicemos el análisis de este artículo en la etapa de Educación Infantil por manifestarse como referente activo donde poner en marcha actitudes y habilidades que se están iniciando y donde se reforzarán, premiarán o rechazarán conductas según el modelo educativo por el que apostemos. Optando por el estilo democrático de equilibrio entre nociones de afecto (aceptación: cariño, respeto ó rechazo: culpa, restricción) y control (regulación normativa, disciplina) tomamos conciencia de la importancia de que los pequeños de entre 3 y 6 años interaccionen en su grupo de iguales, colaboren y sean partícipes de un entorno socioambiental de múltiples relaciones y donde se vayan marcando una serie de reglas a consensuar, aplicar y respetar por todos, profesores y demás compañeros.  

Si observásemos concienzudamente la zona de recreo de un colegio público de nuestro país veríamos notables diferencias con respecto a un mismo ciclo educativo y ello porque, dependiendo de la situación concreta, del personal implicado en el mismo, de los objetivos, del plan anual de centro y de tantos otros factores, generarán mayor o menor número de posibilidades educativas y lúdicas al tiempo que facilitarán o no los conocimientos necesarios en sus distintas manifestaciones, a saber, conceptuales, procedimentales y actitudinales.

Ahora bien, ¿qué hacen los niños y las niñas en un patio de recreo? El patio es siempre fuente de estimulación continua de creatividad, fantasía, imaginación y configuración de perfiles psicomotores y comunicativos. Cuando los niños juegan al pilla-pilla, al escondite, a la comba, al fútbol, a investigar la mariposa, a brincar, a los circuitos, a los aros, al pasa-palabra, hacen roleplaying o simplemente, cantan, pasean, esperan su turno en la fuente o se comen el bocadillo se consolidan comportamientos y aprenden a autorregular su conducta en una pelea, al hacerse una herida, cuando comparten su merienda con el compañero que no se llevó nada, acercándose al profesor vigilante para pedirles educadamente algo que necesiten…

Como podréis apreciar serían muchas las actividades, rutinas y acciones que estarían presentes justo en esa media hora diaria que los niños tienen para descansar, jugar, hablar, sentir, llorar, reír, participar, pelear, gritar, etc. La diferencia con el resto de propuestas metodológicas en el aula o extraescolares está en la concepción de terreno al aire libre, despejado, con límites que ellos fijan, sin que el adulto presione en demasía, la libertad aparentemente, está garantizada. ¿A qué se debe esa connotación? Pues sinceramente creo que la situación idílica del patio de recreo compartido donde se manifiestan conductas positivas salvo pequeños conflictos que se resuelven sobre la marcha enmascara ese curriculum oculto que todos conocemos de juegos discriminatorios, rincones sexistas, segregaciones y falta de oportunidades para con ambos sexos. En definitiva, que pedagógicamente hablando la autosuficiencia en el recreo requiere también de un control, de propuestas serias de interrelación y de adaptaciones que hagan posible que los niños sean capaces de tomar iniciativas, de respetarse independientemente del sexo, de desenvolverse armónicamente en situaciones conflictivas, de apoyarse, de tomar decisiones y de habilidades difíciles de apreciar, lamentablemente, en muchos contextos educativos.

Si nos fijamos al pasear por el patio los niños se muestran activos, impulsivos y dominantes situándose siempre en el centro con actividades deportivas mientras que las niñas pasivas, tolerantes, tímidas y desprotegidas prefieren áreas cercanas a paredes, porches; sin embargo, las niñas diversifican y explotan sus juegos, suelen mostrar mayor creatividad e imaginación si no hay pelota de por medio. Asimismo, personajes estereotipados y roles atribuidos a su sexo (niños policías, bomberos, mecánicos, pilotos y niñas maestras, enfermeras, peluqueras, mamás) se perciben con frecuencia en las actividades que alumnos/as desempeñan durante este tiempo de la jornada escolar, ellos sólo imitan posiciones y adoptan roles de su entorno próximo, familiar y social, las cuales necesitan de reestructuración y educación equitativa por parte de todos. Juegos tipificados como de niños “superhéroe, indio, fútbol, carrera con empujones y puñetazos, pistolas que disparan a niñas o niños considerados más débiles a ellos…” frente a los catalogados como de niñas “muñecas, voleibol, rondas, maquillaje y peinados, peluche, conversaciones en grupos, retahílas, canciones de antaño transmitidas por la familia…” debieran ser estudiados y aprovechados a modo de recurso pedagógico, en el recreo también hay que enseñar, a compartir un espacio mixto, sin exclusiones por sexo, donde las relaciones de poder, discriminación y sexismo no ocupen lugar preferente y si ya existen, eliminarlas ¿Cómo?

Proponiendo la interacción social con juegos no excluyentes ni violentos, mediando los maestros y maestras en situaciones donde peligre la convivencia, adoptando el centro un código ético de participación en juegos acorde a los derechos humanos y poniéndolo en marcha, tratando los comentarios malsanos y segregadores en un proyecto de aula, entrenándoles a todos en los mismos juegos y controlando que juegos y reglas sean respetados al unísono; claro, eso supone una tarea añadida a su labor pero debe ser así si queremos promover la igualdad de oportunidades, la inexistencia de barreras arquitectónicas, la convivencia pacífica entre géneros, la eliminación de desigualdades sociales ya adquiridas. Hay que eliminar la figura del docente como controlador y castigador de conductas no apropiados, además de eso esta figura debe inmiscuirse en la variedad de actividades, prestar ayuda cuando lo necesiten, sugerir, llevar su propio diario de campo, reflexionar sobre la práctica y dedicar unos minutillos diarios en el horario a analizar circunstancias acontecidas.

No olvidemos que el espacio de recreo lo es igualmente de promoción de hábitos saludables: alimentación, coordinación, equilibrio, ejercicio cardiovascular, resistencia muscular, comunicativos: lenguaje, atención, expresión, representación y sociales: respeto a las personas, materiales, instalaciones; por tanto, no podemos dejar a un lado su valor pedagógico.

Ya para concluir, nos gustaría quedarnos con la idea de que cuando la maestra pronuncia la frase “¡Nos vamos al recreo!” indica el camino de la socialización, del esparcimiento, de la diversión, de la convivencia, de la igualdad, del respeto, de la tolerancia, de la creación conjunta y de la decisión por parte de un grupo heterogéneo que no ve más allá del puro juego como fuente de placer y relación con los demás”.

  Por M.ª Carmen Moreno Fernández

 

Cursos Relacionados

No se encontraron cursos relacionados, as que aqu tienes una enlace de consolacin: Masaje tailandés de pies..