También se educa en Semana Santa

Semana Santa Infantil 300x199 También se educa en Semana Santa¿Cómo le explicamos a un niño de 6 o 7 años esta tradición?, ¿Es aconsejable hacerles partícipes directos?, ¿Inscribimos a nuestros pequeños en cofradías?, ¿Les invitamos a tomar productos gastronómicos típicos?, ¿Asistimos con ello a la celebración de una Eucaristía?, ¿Planteamos un taller específico para trabajar conceptos cofrades?, ¿Involucramos a los niños a vivir los momentos más representativos de la religión católica?

Queridos lectores, les proponemos un acto de reflexión y recogimiento personal en torno al tema que nos ocupa. Debemos entender que la etapa infantil al igual que otras en la vida requiere de una atención concreta para cubrir las necesidades básicas, no sólo de protección, cariño, asistencia sanitaria, alimentación, sueño e higiene sino también de relaciones sociales e inclusión en movimientos grupales de referencia contextual. Es decir, en la medida que nos sentimos partícipes, nosotros como padres, de nuestras vivencias y costumbres populares, somos capaces de transmitírselas a nuestros descendientes, hacer que las vivan, que las conozcan, que las sientan, que colaboren y se responsabilicen de tareas, pues ellos serán el futuro y la continuación de las mismas.

Así, en estos días de pasión, muerte y resurrección, los niños aprenderán nuevos valores sociales y particulares: comprensión, respeto, tolerancia, convivencia, participación, actuación, dramatización, perdón, gratitud, dolor, aceptación y no discriminación entre las distintas culturas que se acercan para compartir estos momentos con los cristianos, manifiesten o no prácticas de fe.

Compartimos la idea de que a los niños hay que inculcarles el sentido y el peso de las participaciones en fiestas y actos conmemorativos, justamente la Semana Santa se configura enmarcada dentro de un ambiente lúdico, cultural, religioso donde se profesan admiración, culto, rendición y fervor popular al paso de las distintas cofradías que realizan sus actos de penitencia y procesión por las calles de pueblos y ciudades de Andalucía.

Ya, desde el comienzo de las vacaciones en este periodo del año, los niños y las niñas a partir de edad preescolar saben que tienen unos días de descanso, de ocio y tiempo libre para pasar con sus padres, abuelos y familiares que, de buen seguro, le visitarán y con los que intentarán comprender el significado de pasos, hermandades, cofrades, penitentes, hombres y mujeres de trono, mantillas y demás símbolos humanos, iconográficos, sonoros y visuales que podemos disfrutar todos. Detrás de ello y no menos importante, le siguen esfuerzo, disciplina, orden, constancia, trabajo, seriedad e ilusión puestas por cada persona que se mete de lleno en el seno de un desfile procesional.

Numerosas y variadas estampas nos ofrecen las grandes jornadas del Jueves, Viernes Santos y Domingo de Resurrección pero, sin duda, destaca por su especial simbología y participación infantil el esplendoroso Domingo de Ramos, donde miles de cofrades infantes se visten y atavían con trajes representativos, de singular colorido y portan esas palmas que les confiere la entrada crucial en Jerusalén, la llegada del máximo exponente religioso de nuestra creencia, que guardarán en sus casas en lugar privilegiado con cariño, respeto y cuidado hasta el año siguiente.

Los padres, con su ejemplo, les acompañarán, sonreirán, llevarán algo de azúcar, premiarán su esfuerzo, aprenderán el valor del silencio, se formarán en la convivencia como hermanitos pequeños de la cofradía del buen hacer, la inquietud, el nerviosismo, la impaciencia por ser el mejor en esa procesión, les harán superar miedos, ayudarse entre ellos, buscar con la mirada la aprobación de los padres para ciertos actos, tolerar frustraciones, escuchar los cánticos, entablar la conversación interna del silencio, entender la simbología de colores, bandas,  saetas, cirios, estandartes, campanas, tronos, palios, lazos negros, rosarios, incienso, mantillas, legionarios, jefes y altos mandos, marcha real, túnicas y tantos términos nuevos que se irán incorporando a su vocabulario.

Alrededor de los desfiles procesionales también existen expresiones que rodean y hacen única a estos siete días, nos referimos por ejemplo, a las costumbres culinarias de los diversos municipios que conforman nuestra geografía andaluza, no son cosas de mayores, los niños se sientan a la mesa y ven esas tortillitas, los buñuelos, los pestiños, las torrijas, el potaje de garbanzos, las monas, los hornazos, los huevos de Pascua, ese bacalao en salazón que pone mamá en agua la noche antes del Jueves Santo…

Aprenden indirectamente, aunque no les contásemos nada, que debemos abstenernos durante la vigilia, los productos cárnicos no están presentes, el pescado es el rey de la mesa, prueban dulces y postres típicos, preguntan razones, se las explicamos; son pequeños pero no por ello hay que ocultarles el verdadero sentido religioso, se lo podemos contar todo en forma de historia, que la conozcan, que después, cuando sean mayores, decidan por ellos mismos el camino a tomar siempre considerando las opciones que otros eligieron y respetándolas.

Desde los centros formativos, los docentes, padres y demás personal apostaremos siempre por la inclusión de la cultura cristiana en los planes didácticos y en programaciones docentes que después se llevarán a la práctica con actividades sencillas, lúdicas y participativas por parte de la comunidad educativa, hablamos de talleres cofrades, es trabajo de todo un año, la confección de túnicas, de símbolos, de patrimonio cofrade infantil, de una Mini Semana Santa con lo más representativo de la realidad; el objetivo no es otro que adquieran habilidades, destrezas y actitudes además de nomenclatura acorde con el momento, tareas y responsabilidades, autocontrol, expresión corporal, de sentimientos y emociones, de conservación por el medio ambiente, reciclaje, coordinación y flexibilidad estarán presentes porque el futuro del mañana lo componen los niños de hoy.

Hay que apoyarles, incitarles y motivarles para que actúen con principios de personas civilizadas, enseñarles que las lágrimas derramadas por una persona mayor, la imagen del Cristo mecido a las puertas de un hospital, las fuerzas armadas acompañando a los sagrados titulares de la Cofradía, la gente descalza o con los ojos vendados detrás de una procesión, el respeto al nazareno que llora y se abraza a su hermano cofrade cuando llueve y no pueden realizar su acto de penitencia, o simplemente, la visita a las Iglesias con abuelos, titos, primos y padres en esos días a escuchar misa o el estreno de una prenda el Domingo de Ramos, forman parte de la vida misma.”

Por M.ª del Carmen Moreno Fernández

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