“Si tú lees, ellos también lo harán”

Story timeRecordando cómo nos han llegado a nosotros los primeros libros de imágenes, los cuentos, las colecciones didácticas, aquellos que nos dejaron huella, evocamos momentos gratos y cuando hacemos referencia a ellos sonreímos, los transmitimos con un cariño singular, bien por lo que la historia nos recuerda, bien por el momento o la persona que nos lo contaba. Pues igual les ocurre a  nuestros hijos, si ven esa actitud positiva hacia los libros, el periódico, la revista, el crucigrama, las instrucciones, la carta, el texto que nos regalaron por el Día del Padre, la Felicitación en el Día de la Madre, todos son momentos especiales para compartir con pequeños y jóvenes.

A veces, como educadora, me he preguntado qué poder tan grande tienen las palabras, será porque son escuchadas desde el seno materno, habladas a partir de la adquisición del lenguaje, intuidas en los primeros contactos con los libros, leídas cuando somos capaces de decodificar los signos lingüísticos y escritas al adquirir la capacidad de usar el alfabeto. Puede ser, de ahí que, al leer, estemos favoreciendo el desarrollo creativo, psicológico, afectivo y social.

Sin embargo no todos los niños leen por igual, con la misma dedicación y emoción, algunos manifiestan incluso no sentir ese gusto, se muestran reticentes al compartir un texto escrito en el aula, no se expresan voluntariamente y se observa en ellos una actitud de indiferencia al regalarles como obsequio un libro. No nacemos con esa afición, el hábito lector se adquiere con el tiempo, se origina, desarrolla y da sus frutos cuando en el niño se ha instalado esa cultura del interés, del sentido del conocimiento por placer.

A mí, personalmente, me da la impresión de que el niño siente la obligación de tener que leer pero no de elegir lo que desea leer. Este juego de palabras cobra mucho más sentido cuando se extrapola la lectura al resto de actividades de la vida escolar y diaria, de hecho, muchos problemas de comprensión, atención, memoria y fluidez lingüística derivan en dificultades de aprendizaje a lo largo de la vida escolar del niño. Y ello porque se hace necesario el contacto continuado de lecturas diversas, textos de diferente tipología para que el pequeño, el niño y el adolescente se familiaricen con ellos, se involucren y participen en comentarios, aprendan a expresar su opinión, se sientan valorados, respetados y queridos. Esto sí es fundamental para su desarrollo lector posterior.

Comprobado en las escuelas, en los colegios, en los institutos, sentirse forzado a no es lo mismo que leer porque me gusta, cuando quiera, donde quiera, como quiera. Los docentes en esto sí que podemos aportar un sinfín de actividades e ideas a las familias para que puedan colaborar de este proyecto común y compartir en los dos contextos experiencias gratificantes y acogedoras: libro viajero, préstamo semanal, día del libro, visita a las bibliotecas municipales, representaciones teatrales, hora poética,  recopilación de cuentos, consulta de editoriales, recomendaciones para padres, cursos de formación… Involucremos al niño como un personaje más en la lectura y así tendremos al lector eficiente que buscamos de adulto.

También hemos de pensar que actualmente se tiende a presentar la literatura infantil enfrentada a las nuevas tecnologías algo que no favorece en nada a la formación de las actuales generaciones lectoras, los pequeños de hoy serán los lectores del mañana inmersos en la actualidad que nos venga y entendemos que ambos recursos son perfectamente compatibles, hay que sumar, no debemos dividir.  Pero es evidente que los modelos lectores en las primeras edades resultan fundamentales para que los niños vean un ejemplo a seguir, podemos compartir con ellos un cuento, una poesía, un relato, una historia, un texto dedicado, una carta que nos envío un amigo y también por qué no, buscar libros digitales, adentrarnos padres en Internet y navegar por las distintas web educativas como S.O.L. (Servicio de Orientación Lectora),  web de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, web de Asociación de Amigos del Libro, entre otras muchas.

Y a diario en el aula podemos introducir actividades múltiples con los más pequeños creadas a partir de las lecturas con un antes, un durante y un después de la narración, haciendo de ese momento un espacio acogedor, curioso, íntimo, de escucha atenta y participativa; a mediana edad le seguiremos inculcando esa afición para que sean capaces de seleccionar, elegir y valorar lo que les llega, así hasta la adolescencia donde emiten juicios de valor acordes con lo que leen, expresan, escuchan y sienten. Sólo de este modo, en la etapa adulta sabrán reflexionar sobre apuntes, relatos, memorias, diarios, cuadernos de viaje, agendas, periódicos, revistas y todo cuando caiga en sus manos. En este contexto para los adultos debe ser un orgullo y un motivo de satisfacción el poder seguir compartiendo la palabra escrita con nuestros hijos.

Hoy nos vamos a quedar con un proverbio popular de la India,  que nos propone el símil de la lectura como la indagación en lo más hondo del ser

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”. (Anónimo)

Por M.ª Carmen Moreno

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