“Se busca profesora particular…”

profesor particular Se busca profesora particular...Queridos lectores, créanme que no resulta fácil debatir el perfil laboral que uno desempeña en la sociedad y mucho menos si éste deriva de un servicio de diagnóstico, atención y orientación al ciudadano, en este caso, hablamos de docentes, padres e hijos. Nosotros, los profesionales del mundo de la enseñanza privada necesitamos también un empuje emocional gratificante en el sentido de sentirnos útiles a la sociedad, ya sea impartiendo cursos a  desempleados, formando a trabajadores de distintos gremios o solventando dificultades de aprendizaje a los escolares, la oferta suele ser diversa y amplia en todos los ámbitos: tecnológico, artístico, musical, plástico, audiovisual, etcétera y sectores: comercio, hostelería, turismo, servicios, agricultura, docencia, sanidad…

Pero cuando nos ceñimos a la comunidad educativa y a sus representantes más directos, los alumnos en edad de escolarización, nos encontramos con cuestiones que se lanzan al aire, se verbalizan, se piensan y para las que no siempre tenemos una respuesta exacta antes de elegir al profesor que atenderá las demandas de nuestros hijos. Por ejemplo, ¿tendrá experiencia en la enseñanza?, ¿cuál será su titulación?, ¿abusará de nuestra confianza?, ¿me timará y engañará con los precios?, ¿qué credenciales tendrá?, ¿será capaz de orientarles, motivarles y ayudarles?, ¿su filosofía psicopedagógica estará a la altura de las circunstancias?, ¿dónde lo busco?, ¿para cuánto tiempo? Demasiadas para una realidad socioeducativa en la que se hace cada vez más necesaria la presencia adulta de una persona formada, que atienda, respete y apoye no sólo en los estudios sino además en decisiones particulares que te suelen comentar los críos, que sea consciente de la importancia de la motivación y la constancia en el estudio diario, que establezca líneas de actuación conjuntas con las familias para que ellas puedan participar si pueden y lo desean.

Sabéis, un profesor particular a veces, es confundido con un psicólogo, un pedagogo o un orientador laboral, a él acuden los padres como única vía de salvación tras corroborar el suspenso en tal asignatura, la dificultad de ayudarles en contenidos abstractos y modernos, la no disponibilidad de tiempo en su jornada laboral y personal para atenderles, la desmotivación monoparental al producirse una separación o un divorcio, el escape de saber que alguien más está con ellos al margen de la canguro que les cuida o de los abuelos y familiares cercanos que pudiesen estar pendientes.

Si realizásemos una encuesta y preguntásemos a los padres qué expectativas desean cubrir con el maestro particular a domicilio veríamos que tras la superación de materias suspensas se encuentra seguidamente el aspecto afectivo, emocional y disciplinario en cuanto a tratamiento de formas de comportarse. Así surgen los comentarios del tipo:“Es que yo ya no sé qué hacer”, “Me pongo con él todas las tardes y puedo estar horas y horas, no hace nada”, “Me tiene desesperada y no me siento capaz de ayudarle, las asignaturas han cambiado mucho desde que yo estudié”, “Asisto a las tutorías y la maestra siempre me dice lo mismo”, “¡A ver qué puedes hacer tú con él/ella! A este respecto me gustaría llamar a la prudencia y al sentido común de muchos padres al manifestar el deseo de poner a sus hijos en clases particulares o recibir atención de apoyo escolar a domicilio puesto que no siempre es necesario y existen otras alternativas que quizás desconozcan  o simplemente no sepan cómo afrontar.

Yo, madre o padre, debo requerir la ayuda de especialistas que valoren, diagnostiquen y estimen la conveniencia de las clases particulares, ellos, con sus conocimientos psicoevolutivos, de procesos cognitivos, procedimentales y actitudinales sabrán precisar en qué momento del desarrollo se encuentra su hijo, equipararlo a los niveles establecidos dentro de una normalidad psico-socio-físico mental aceptables y a partir de ahí, entre tutor, orientador, padre e incluso, el niño o la niña, decidir qué hacer.

Numerosos estudios desaconsejan la excesiva y prolongada ayuda al estudio propia de estos tiempos por el mero hecho de ponerles otra actividad extraescolar en el cole, entretenerles, tenerles alejados de la calle, prestarles asistencia porque se trabaja fuera de casa, etc., provenga este apoyo de alguien particular a domicilio, de una academia o centro formativo. ¿Por qué? Psicólogos, pedagogos y psicopedagogos manifiestan su disconformidad al adelantarnos a los procesos de aprendizaje del niño, a veces, es mejor dejarles avanzar según sus ritmos y estrategias personales, de adaptación al medio y de asimilación de las estructuras cognitivas actuales con las preexistentes en su memoria antes de adelantar contenidos, motivarles para promocionarles un nivel, etc., claro, estamos hablando en el caso de que sea una ayuda extra o complementaria, algo opcional, de lo contrario se entendería la prestación de una ayuda para sus estudios en niveles de superación de dificultades específicas: sensoriales, motivacionales, psicomotrices, intelectuales y cognitivas.

Leyes, Reales Decretos, Decretos concluyen la consideración de la educación como desarrollo de cuantos niveles se reconocen partiendo de las necesidades en cada una de las etapas educativas por las que discurre el alumno, tendente a la formación de la personalidad autónoma, responsable, crítica, participativa y estable del individuo. Para que nos entendamos todos, un niño al primer despiste, fallo comprensivo, mala nota o conducta disruptiva no puede ser catalogado como torpe, retrasado, vago, hiperactivo, desatento, desmotivado… y requerir por ello, varios años de un profesor particular sin saber por qué realmente, ocurre con mucha frecuencia, pensemos en casos cercanos y obtendremos resultados de ello (porque esto es una cadena, cuando empiezan los niños aprenden a vivir con él, a contarle todo, a hacerse dependiente de él, a entender que siempre va a ver alguien que les apoye, estimule y anime, se encuentran respaldados y en muchos ocasiones supliendo labores de protección y cobijo que debieran requerir de los padres y que no les capacita para desarrollarse con iniciativa propia, hay que dárselo todo hecho).

¿Qué profesores particulares teníamos en tiempos de antaño? Valorábamos cuantas personas mayores se nos acercaban con el afán de enseñarnos algo, de contarnos una historia con una moraleja a la que todos sacábamos partido, aprendíamos con gusto y un afán indescriptibles a realizar los primeros ensayos de contar, a resolver problemas de la vida diaria, a escribir los primeros garabatos con sentido, a firmar con nuestro nombre aunque fuese con el dedo impregnado de tinta negra que difícilmente se quitaba, nos regalaban el primer cuaderno y estábamos ilusionadísimos, la panadera, el boticario, el labrador, el maestro del pueblo eran como de la familia, les escuchábamos, les pedíamos consejo, les atendíamos, no había medios, de cualquier cosa se sacaba provecho intelectual, un objeto viejo, un folleto antiguo, un papel de envase tenía su constructividad mental, hoy no pasa nada de eso, afortunadamente por un lado, y lamentablemente por otro, hay carencias de comunicación, los tiempos han cambiado sobremanera.

Las relaciones entre padres-hijos dejan mucho que desear, cuando nos piden ayuda a los profesores particulares es porque hay un problema, nadie lo detectó o se hizo oídos sordos, el niño por un lado, el padre, por otro, el tutor de clase con su opinión, la profesora particular con la suya y una necesidad de fondo que, de no ser atendida por un profesional competente, resulta pérdida de tiempo, derivación en fracaso escolar, riesgo e inadaptación social, absentismo, desmotivación e ira, en definitiva, hemos volcado nuestra confianza en una persona puntual que pasa por nuestras vidas en un momento de estrés, enfermedad, poca dedicación a la familia, prisas, malentendidos entre parejas y/o miembros familiares, etc. Esa es la realidad de muchos hogares donde se empiezan a detectar problemáticas escolares sin, aparentemente, motivos pero que al estudiar los casos perfectamente se verifican estadísticas e indicadores previos.

En consecuencia, debiéramos centrarnos en posibles señales que nos marquen un posible seguimiento o no en los estudios de su niño o niña por parte de la persona competente en ello. Valgan situaciones del tipo: “No dedica tiempo a sus estudios”, “Me trae los exámenes suspensos”, “Olvida sus libros de texto y materiales”, “Se pasa más tiempo en el despacho del director que en el aula”, “Molesta e interrumpe la marcha del resto de compañeros y del profesor”,“Se muestra cansado, apático, triste, agresivo, malhumorado”, “Falsifica las notas”, “Le dejo en las puertas del colegio pero después las vecinas le ven en el parque”, “Entra a su habitación y se conecta a Internet donde las horas transcurren en vano”, “Nada más que habla por el móvil y se relaciona chateando con sus amistades”,“No se comunica con sus padres ni hermanos”… en las que podemos detectar handicaps del sistema, de la familia, de los maestros, de los propios chavales.

Lo más frecuente, acudir a un centro específico de estudio, al colegio ordinario, al vecino que está impartiendo clases desde hace años, al sobrino que estudió Magisterio en su momento, a un psicólogo si además se agrava con problemas de conducta y en última instancia, a pensar en nosotros mismos, ¿cómo podemos ayudarles los padres? Quizá los docentes juzgamos en demasía a los adultos que conviven con los niños sin pensar en que a la semana convivimos bastantes horas con ellos como para informarles a las familias, prever planes de prevención e intervención inmediata en caso de necesidades educativas especiales, dificultades de aprendizaje, sobredotación, inadaptaciones, estimulación precoz… No obstante, no se trata de excluir, cada contexto repercute de forma notoria en el desarrollo del niño, el familiar le proporciona apego, seguridad, estabilidad, confianza y protección; el escolar, capacidad, habilidades, conceptos, estrategias, valores y normas finalizando con el social que le aporta adaptación, participación, convivencia, civilización y ética.

Luego, padres, hermanos, tíos, abuelos, primos y amistades hacen que se reconforten y se cree un clima cómodo donde se lleven a cabo múltiples aprendizajes. ¿Se busca al profesor particular hoy en día? Sí, se busca un plan de estudio diseñado a medida tras el fracaso escolar, la flexibilidad horaria, unas técnicas concretas para materias conceptuales con gran cantidad de texto, la preparación de trabajos monográficos y de exámenes, los ejercicios de memorización, ejecución, repaso, de consolidación, ampliación y repaso, una salida laboral para jóvenes licenciados, la atención tutorial, una orientación concreta para los padres y sobre todo, se buscan actitudes de autonomía, responsabilidad, constancia y se persigue la creación de hábitos sanos y adecuados en la vida estudiantil.

Efectuado el diagnóstico previo de necesidades educativas, afectivas, conductuales y demás surge ahora otro dilema, que nos lleva a pensar directamente en la persona que estará frente a nuestro hijo, profesor o maestro, diplomado o licenciado, con experiencia, en régimen de prácticas o aficionado, que cobra diariamente, a la semana o con cuota mensual, de la familia o extraño, conforme o disconforme con el método tradicional que se siguen en las escuelas… Al final, lamentablemente, prima lo económico, sobre todo en tiempos de crisis, podemos encontrarnos clases desde seis hasta veinte euros la hora, la disparidad es increíble, la razón oferta-calidad no se garantiza, el docente queda libre de impuestos, la ilegalidad en muchos garajes está servida, no existe control ninguno, sólo la buena voluntad que quieran tener los participantes.

Estamos a favor de un seguimiento continuo y global pero en un lugar habilitado para ello, con empleados cualificados, seguros, fiables, comprometidos con una ética y una labor que han elegido y donde pedir responsabilidades quede respaldado legalmente, el coste de esto, estímenlo ustedes. No hablamos de rentabilidad en mercancía, sino de trato en relaciones humanas, ni tampoco queremos mantener una postura inclinada hacia una u otra balanza, profesor particular o academia, porque éste no es el tema a debatir, de lógico está el pensar que siempre habrá buenos maestros a domicilio y centros excelentes donde poder dirigirse en busca de la formación complementaria. Igualmente son deprimentes las condiciones de habilitación, iluminación, seguridad, sanidad y atencionales en cuanto a negocios clandestinos llevados a cabo en garajes, habitaciones del hogar, caravanas, bungaloes y otros espacios, ocurre asimismo en otras profesiones, la clandestinidad no es exclusivo del gremio de enseñanza privada a domicilio o en el propio hogar del trabajador.

¿Qué nos hace decantarnos y cuál es la figura real del profesor particular? Normalmente suele coincidir, su perfil, por un lado, con la de una chica o chico recién diplomado o licenciado que busca abrirse horizontes en el mundo profesional, que ha optado por cubrir sus necesidades económicas ganándose la vida con varias horas a la semana de clases a domicilio donde ayuda a realizar las tareas, pregunta exámenes oralmente, realiza actividades complementarias durante el breve plazo de una hora exacta con tan sólo una persona, a cambio percibe prestación económica a consensuar con la familia según el tiempo que dedique y el número de chavales a los que atienda, la única responsabilidad del interesado es ponerle a su alcance los medios necesarios para que se apruebe, se resuelvan dudas sin atender otras carencias que pudieran existir y a veces, ni insinuarlas a la familia pese a su observación y detección. Por otro lado, estaría el profesor particular con centro propio, trabajador autónomo o por cuenta ajena que se inmiscuye e involucra en una atención global al niño, los padres le consultan, el director y los compañeros de equipo se coordinan por un bien común y se facilitan los recursos disponibles en el aula poniéndose al alcance del alumno, se atienden no sólo dificultades de aprendizaje en los procesos cognitivos básicos –atención, concentración, retención y comprensión- sino que se detectan carencias y se establecen pautas o medidas preventivas y de intervención con las familias.

Indiscutiblemente, el lema “Se busca profesor particular” continuará a lo largo de los tiempos, la enseñanza virtual, las nuevas tecnológicas, los sobrados recursos de que disponen nuestros hijos en la actualidad les alejan aun más de la realidad competitiva y exigente a la que se enfrentan, siendo pequeños en las instituciones escolares y mayores en sus puestos de trabajo. Estar preparados significa algo más que sentirse conocedor de las materias instrumentales, idiomas, informática, música y deportes, es decir, se hace necesario ser persona, mostrar personalidad propia, trabajar en equipo, mostrar competencias en habilidades sociales y de comunicación, esto es lo difícil, formarse en personalidad.

Por tanto, póngase en manos de gente cualificada para impartir estas clases, acudan a gabinetes psicopedagógicos, consulten tutorías con los maestros que son quienes pasan más tiempo con sus hijos en el aula, pidan opinión a los cuidadores de sus pequeños y no releguen su responsabilidad en otras personas, sí compártanla será todo un ejemplo de saber estar, actuar, decidir y vivenciar momentos que pasan por la vida de sus hijos y que después en el futuro se recuerdan siempre con gran emoción y significatividad.

La cita que hemos leído para la ocasión refleja el trasfondo que se espera del profesor que actúe en el contexto escolar o fuera de él, predicando su buen hacer para con el entorno que le rodea: “Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un gran deseo de aprender”. (Arturo Graf)

 Por M.ª del Carmen Moreno Fernández

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