Rutas de Educación Ambiental desde el aula

EDUCACION MEDIOAMBIENTALEn mis recuerdos de pequeña están esas salidas al campo a pasear, a respirar aire puro, el olor del romero al andar por los matorrales, la recogida de espárragos y almendras en lugares que no tenían propietario, la visita al molino para comprar el aceite virgen, la hierba mojada, la crianza de pollos, la matanza en invierno rodeada de mis abuelo, el cuidado y anidado de tórtolas con mi hermano, la ilusión al mirar la incubadora que compramos para ver salir a los pollitos,  la observación de las hormigas, saltamontes, arañas, orugas, setas que presenciaban el jardín de casa, la visualización por la ventanilla del coche de los polluelos de perdices cuando empezaba la veda de caza y nos íbamos al olivar a pasar un buen día, un mundo fascinante que hoy es difícil experimentar. Las formas de entretenerse, de ocio y tiempo libre han cambiado, no sabemos en qué sentido se inclina la balanza pero si no somos felices o creemos tener dificultades para llegar a eso que llamamos libertad pensemos hacia adentro y encontraremos solución.

Vivimos en otros tiempos, a lo largo de las últimas décadas se han difundido ideas pedagógicas como las que nos propusieron la Institución Libre de Enseñanza con sus colonias y salidas al aire libre, valorando espacios soleados y protegidos tal cual nos proponía Andrés Manjón (1846-1923) o los Jardines de Infancia –Kindergarten– de Fröebel (1872-1852) además de la necesidad de conocer a cada niño a través de la observación de su actividad natural aprendiendo a pensar “haciendo” formuladas por las hermanas Agazzi o el naturalismo de Rousseau (1712-1778) junto a los contextos ecológicos-contextualistas de Brofenbrenner, al aprendizaje significativo de Ausubel y al constructivismo de Vigotsky nos hacen reflexionar sobre la importancia de educar transversalmente en el respeto al medio en el que nos desenvolvemos.

Seguro que muchos de vosotros os preguntaréis cómo hacerlo desde la escuela, qué planteamientos didácticos seguir y cómo valorar cuestiones de índole social que repercuten con nuestras formas de pensar, actuar e intervenir sobre la naturaleza. Sin embargo, convendría empezar por el principio e intentar dar una definición precisa de aquello que entendemos por “Educación Medioambiental” su enfoque multidisciplinar y transversal en los centros educativos como parte del curriculum que llevamos a cabo en las programaciones.

No sólo es medio ambiente el debate actual que se promueve sobre las consecuencias negativas que la acción humana ejerce sobre el entorno natural, árboles, vegetación, animales, medio físico y otras personas junto a las relaciones entre ecosistemas también se incluyen en dicha expresión. Parece comprobado que mayor repercusión social poseen aquellas campañas dirigidas a la prohibición de conductas agresivas que tomamos diariamente y de las que a veces no somos ni conscientes de ello. Temas de reciclado, uso responsable del agua, consumo responsable, energías renovables, sostenibilidad, sensibilización, uso adecuado de los recursos naturales, observación y exploración del medio, cambio climático, calentamiento global, efecto invernadero, lluvia ácida, capa de ozono, contaminación acústica, atmosférica… forman parte del vocabulario cotidiano, de noticias invasivas en los mass-media, de actuaciones de voluntarios ante catástrofes como vertidos, cazas furtivas, incendios, desertización, deforestación, matanzas indiscriminadas de focas, crueldad hacia los animales… organizaciones que pujan para que le prestemos atención y apoyo, etc.

Asimismo tampoco podemos obviar las campañas publicitarias para promover actitudes y hábitos de conservación, protección y cuidado del hábitat en el que participamos al lado de otros seres vivos, documentales televisivos, series que atienden a mascotas, actividades escolares en torno a estos temas, celebración de días internacionales del agua, del medio ambiente, del reciclaje, de los animales, del árbol, creación de instalaciones de estudio, investigación y refugio para fauna en cautividad, sanciones contra las infracciones hacia la naturaleza… Resultan ejemplos y modos de comportamiento tendentes a fomentar en las personas valores, actitudes positivas, de ayuda, cooperación, análisis y propuestas de solución ante los problemas que se nos presentan y a los que no podemos responder con indiferencia, no olvidemos que para los niños y escolares del presente la imitación forma parte de su modo de adaptarse y construir su particular realidad y en ese espacio tenemos que contribuir con optimismo, ofreciéndoles pautas adecuadas de consolidación y fomento de buenas prácticas.

Desde el marco familiar, primer contexto de socialización del niño se debe optar por reciclar basuras, sembrar árboles, plantas y flores en el jardín, revisar instalaciones de gas y tuberías de agua por si hubiese escape, pintar las habitaciones de tonalidad clara aprovechando la luz natural, desconectar aparatos eléctricos que no estemos usando en ese momento así como cerrar los grifos a la hora de enjabonarnos las manos y cepillarnos los dientes hasta su enjuague, no malgastar el agua en la ducha, no despilfarrarla en los coches, no tirar ropa usada, pilas, plástico, cartón, vidrio y basura orgánica mezclados en una sola bolsa, concienciarse del riesgo para la salud que conlleva el hecho de ser fumador, comprar sólo lo necesario, bajar la música… ¡Hay tantas cosas para hacer! Requieren esfuerzo, claro está, si no sería muy fácil, no se trata de evadir responsabilidades sino de contribuir todos con el granito suficiente de arena como para evitar situaciones incómodas que nos perjudiquen, los nietos del mañana tendrán de referentes a sus bisabuelos, abuelos, padres ¿qué les estamos dejando?

En guarderías, colegios infantiles, de primaria, secundaria y demás centros educativos la materia transversal para el respeto al medio ambiente se considera educativamente hablando desde una óptica de relevancia social con la carga valorativa e interdisciplinar que conlleva el trabajarla con los chavales a cualquier edad. Cuando temporalizamos unidades didácticas centradas en un eje temático en torno al “Bosque en llamas”, “Tenemos un semillero en el aula”, “Los sonidos de la naturaleza”, “Aprovecho mi papel”, “Plantamos un árbol”, “Sembramos el huerto”, “Vamos a la granja-escuela”, “Paseamos por el eco-parque”, “En verano, de camping”, “Cuidamos una mascota en clase”, “Día Europeo sin coches”, “5 de junio, Jornada Mundial del Medio Ambiente”, “En Navidades disfrutamos, no malgastamos”, “Aprendemos a separar basuras”, “El agua del arroyo”… ya estamos valorando la posibilidad de la concienciación y el desarrollo equilibrado de una personalidad sana, pues al realizar múltiples actividades donde el alumno debe aprender a actuar y ser consecuente con lo que hace le ayudamos a formar su personalidad, su autoconcepto se define, la autoestima y la autoimagen se reafirman ante los demás.

Siempre debemos tener presente que la escuela inmersa en un contexto socio-natural definido persigue unas funciones que responden a las exigencias y demandas de ese entorno en concreto, no es lo mismo que desempeñemos nuestra labor en un paraje de sierra que el centro donde trabajemos esté localizado cerca del mar, las acciones educativas para con el medio cambian, no así, el trasfondo moral de familiarización, observación y actuación justa, sostenible hacia él.

Si represento mi figura en el conjunto clase desde que entro por la mañana hasta que termina la jornada escolar, ya sea, tirando el papel del bocadillo a la papelera, aprendiendo a controlar la respiración en actividades psicomotrices, escuchando los sonidos del exterior, respetando a los compañeros, promoviendo hábitos sanos de salud, ayuda a la enfermedad y accidentes de los niños, recogiendo los frutos del huerto escolar, jugando con los sentidos en una actividad al aire libre, representando una obra titulada “Salvemos el planeta”, creando los propios recursos con material usado, anotando los cambios climáticos en el tablón de la entrada, estudiando las estaciones, realizando una excursión a un olivar o visionando una serie educativa sobre educación vial, estoy vivenciando acciones y activando pensamientos que les hacen ser curiosos, preguntar, confesar que no siempre actuamos como debiéramos, pequeños y mayores de la misma manera.

Por eso, profesionales, padres, educadores, maestros y profesores insisten en la concepción de que para valorar algo hay que conocerlo, los niños se inician en sus aprendizajes adaptándose al medio, acomodando sus esquemas de conocimiento según su exploración y actuación con los objetos, personas e instituciones, más tarde entran en juego los referentes de apoyo, padres, hermanos, primos e iguales hasta desembocar en un ser adulto con capacidad de elección, participación, colaboración y decisión en el medio, por lo que las circunstancias modifican y mucho, las posibilidades que tenemos desde pequeño para incidir en el entorno.

“Siendo un niño aprendí a reciclar, a alimentarme con los productos de la huerta, a vivir sin conservantes ni aerosoles innecesarios, a disfrutar de los espacios verdes, a compartir experiencias de vida al aire libre, a sentir los sonidos, el aire que respiro a tomar el agua como fuente inagotable porque no la malgasté, a realizar actividades de senderismo, escaladas, ciclismo, natación, esquí, navegación… con mis padres y amigos, a razonar de que podíamos conseguir un mundo mejor esas serían las palabras que me gustarían que dijesen mis descendientes en un futuro, me sentiría satisfecha de haber conseguido libertad y goce luchando en el medio en que nací, viví y me marché. No creo que sea tan difícil, sinceramente, si colaboramos todos, la utopía no existe si creo firmemente en lo que digo y me empeño en conseguirlo, porque de ahí, contagio a los demás, me involucro y la fuerza es mayor para aquellos que tienen el poder económico, social, educativo y político.

Realicemos una mirada profunda e intensa hacia el interior del bosque y encontremos en él el significado que nos quiere transmitir con el silencio y la voluntad que su respeto y consideración merecen, después si nos quedan cinco minutos volvamos a la realidad y que fluya el sentido docente para así concebir la frase con la que concluimos el escrito que ahora leen: “La Educación Ambiental debe programarse en función del ecosistema en el que la escuela está inmersa”. (Teitelbaum)

Por M. ª Carmen Moreno

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