Necesidades de los hijos y responsabilidades de los padres ¿cómo educar?
Comentarios del tipo: “… con esta familia lo que se puede esperar de este niño ya lo sabemos”, “ya tuvimos a la hermana y no hubo nada que hacer, éste lleva el mismo camino”… los hemos oído con bastante frecuencia y desde luego dejan mucho que desear en cuanto a que se entienden como concepciones erróneas, estereotipos y afirmaciones reduccionistas sobre las personas, un profesional de la enseñanza debe actuar con responsabilidad y respeto hacia el niño y su contexto familiar porque es ahí donde se fraguan las primeras interacciones, vínculos emocionales y vivencias de los alumnos que conviven diariamente en nuestras aulas.
Y es que debe resultar complicado eso del término “educar”, entendidos desde su comienzo como criar, guiar, enseñar el camino correcto hacia la formación integral de la persona, por eso, la didáctica sólo abarcaría una parte de ese desarrollo, centrado en el aspecto cognitivo y a la que se le han añadido en los últimos tiempos otros ámbitos como el procedimental y actitudinal, de ahí que no podamos abarcarlo todo los maestros y necesitemos la colaboración sociofamiliar.
Haciendo un ejercicio de reflexión introspectiva pienso en la llegada de la noticia “Está usted embarazada” y lo que ya supone con vistas hacia el futuro. Tendremos un hijo o una hija con unas necesidades que cubrir, de mantenimiento y supervivencia, de afecto y apoyo, de estimulación, de apertura a otros contextos educativos, de control, de estructuración, etc., además me preguntaría a mí misma: ¿Estoy preparada para ser madre?, ¿Qué características debe reunir un buen padre?, ¿Existen estilos definidos por los que me pueda guiar?, ¿Es tarea de padres o también de alguien más?, ¿La familia más próxima tiene algo que aportar?, ¿En qué medida les afecta la llegada de mi hijo?, ¿Y mi trabajo, cómo lo compagino?, ¿Podré con todo, algo que modificar, suprimir o valorar desde otra perspectiva? Surgen, como vemos, muchas cuestiones si nos planteamos la maternidad y la paternidad al mismo tiempo.
Pues bien, para algunas sí que tenemos unas soluciones prácticas y lógicas, después habrá que adaptarlas a la cotidianeidad de cada cual, muchos autores escribieron sobre los estilos familiares y las distintas respuestas que la población suele dar a la educación de sus hijos, sin embargo, estarán en función de las expectativas que tengamos como padres respecto a la Educación Infantil por ejemplo, que es la inicial. ¿Yo para que escolarizo a mi hijo? Respuestas múltiples: para que me lo atiendan mientras trabajamos, para que se relacione y se socialice, para que le preparen para la escuela, para que se discipline, para estimular su inteligencia, para que aprenda a leer y a escribir, para que desarrolle su creatividad, imaginación y psicomotricidad. ¿Se podrían clasificar a los padres según cómo entienden las funciones de la escuela para con sus hijos? Pues sí, existen las familias tradicionales que simplemente esperan una atención asistencial sin comprender la importancia que tienen los aprendizajes que se realizan en las primeras etapas educativas, entonces no viven su implicación como necesaria.
Después nos encontramos a los contextos familiares modernos que sí que se muestran preocupados por recabar la información de diferentes escuelas y confían en la capacidad de cambio y aprendizaje de sus hijos desde edades tempranas, seleccionan con ilusión el centro, atienden al desarrollo humano en un contexto de múltiples actividades con estimulaciones adecuadas y se relacionan con los tutores que educan a sus niños.
Y por último, nos relacionamos también con núcleos familiares paradójicos, contradictorios e inseguros en sus expectativas educativas para con sus hijos, no saben lo que quieren, arremeten injustamente contra el tutor, no se preocupan o lo hacen excesivamente y sin regulación, es decir, su actitud de indiferencia lo que hace es perturbar la fluidez y comunicación normales que se producirían en otros contextos de progenitores emocionalmente equilibrados.
Según las expectativas familiares podemos deducir entonces que el azar está servido en aquellos alumnos en los que sus padres hayan optado por un modelo educativo u otro, pues influirán en la motivación del pequeño hacia la escuela y en las relaciones que establecerá con los iguales y los educadores, en la imagen que cada niño y niña se va formando de sí mismo, en su propia confianza y en las posibilidades de avance. Por eso, los profesionales decimos que sí que la familia tiene mucho que decir, aportar e influir en el comportamiento del niño, es el primer agente de socialización con sentido existencialista para el alumno.
Siguiendo con mi ejercicio intrapsicológico que os he propuesto en este artículo voy a definirme dentro del estilo que, modestamente, creo que mejor se ajusta a la realidad educativa del momento actual que vivimos, si bien comprendo que definirnos por uno de los cuatro que se reconocen científicamente (democrático, autoritario, permisivo o diferente) dependerá de nuestras variables personales, culturales, sociales, económicas e incluso meramente situacionales de familia que van a condicionar que yo, como madre, me comporte y actúe así, de ese modo y no de otro.
Por ejemplo, si estoy separada con hijos a mi cargo, trabajo fuera, me he quedado viuda siendo aún joven, paso por una grave enfermedad, estoy desempleada, etc., no serán situaciones agradables ni llevaderas en comparación con las denominadas ideales: mi pareja está conmigo, me apoya, formamos un núcleo familiar sólido, las posibilidades económicas son relativamente buenas, nos encontramos bien de salud y contamos con la ayuda de nuestros padres a la hora de educar a los hijos, nada que ver como pueden sentir los lectores con las anteriores. La vida son circunstancias y hablemos de educación o de cualquier otro tema, nuestros perfiles serán los que sean.
Pero si me encuentro con opciones y conozco un poco el tema lo más normal es que a la hora de plantearme la educación de mis hijos me sienta responsable en ello y mantenga hasta el final de mis días esa inquietud y ansias de mejora en lo que a consejos, formas y modos de hacer se refiere. De ahí que muchas veces los abuelos sientan que con los nietos hacen cosas diferentes a lo que hicieron con sus hijos, juegan con ellos, les preguntan, comparten las tareas escolares, les sacan a pasear, se involucran sin esa presión del tener que llevar dinero a casa o se sienten menos atrapados por la preocupación y el desconocimiento inicial de las necesidades de los pequeños, además la llegada del nieto o la nieta les coge con una edad más sentimental, estable, consolidada y emocionalmente comprometida con el bienestar de salud psicofísica que quieren mantener hasta el final para sentirse útiles y activos. Ya trataremos el tema de los abuelos-padre próximamente para ver la importancia que tiene su labor en la sociedad de hoy.
Como íbamos diciendo las tipificaciones existentes en cuanto a estilos educativos son cuatro con unas características definidas y que pasamos a comentar. Empezamos por el estilo de padres autoritarios quienes obtienen puntuaciones bajas en la variable de afecto y altas en control hacia sus niños, les exigen bastante y se basan en conductas de refuerzos y castigos potenciando una personalidad inhibida o agresiva por temor a que sus referente sociales les retiren el afecto por lo que estos niños manifestarán estados de ánimo cambiantes, con problemas de conducta y dificultades de adaptación e integración en su grupo de compañeros.
Por otro lado, están los llamados padres permisivos que puntúan alto en afecto pero bajo en control, muestran un carácter amable, cariñoso, sensible a los demás pero no establecen límites ni normas claros a sus niños, refuerzan autoestima y autoconcepto en sus pequeños pero sin embargo éstos no disponen de referentes normativos precisos que les ayuden a predecir las consecuencias de sus actos y que actúen como autorreguladores de su conducta, así que los niños con los padres de este estilo serán rebeldes, impulsivos e inmaduros. Después existen también los llamados padres indiferentes que son aquellos que obtienen puntuaciones bajas en las dos variables, afecto y control, con la consecuencia de que los niños no tendrán ni respuestas positivas ni negativas que refuercen su conciencia del ser persona, tampoco contarán con normas ni límites claros que ayuden a regular su conducta, lo que habrá será un desconcierto afectivo y un descontrol palpable en las interacciones sociales, en clase los veremos indiferentes y pasotas ante las reglas, siendo la tónica general la desobediencia y el entorpecimiento de la dinámica de juegos y de actividades que desarrollemos.
Ya resumidos, a groso modo los estilos educativos existentes en el marco de nuestras vidas seguro que al leerlos os habréis identificado como recibidores y emisores de alguno en concreto y seréis capaces de distinguir las ventajas e inconvenientes para con uno mismo y con los demás.
Pues bien, nos queda un último estilo que se concibe como el ideal en cuanto a que los padres que lo siguen ejercen un buen equilibrio entre el afecto y el control influyendo positivamente en el desarrollo socioafectivo y personal de sus hijos, porque si lo pensamos es básico que se sientan queridos, no sobreprotegidos ni mimados, pero sí aceptados dentro de unas reglas que les ayuden a saber qué tienen que penar, decir y hacer según el momento y el contexto que les rodee. Nos referimos a los padres democráticos que suelen puntuar alto en afecto y control, poniendo sobre la mesa actitudes emocionales adecuadas de atención, escucha activa, empatía, sensibilidad, límites y normas claros y flexibles a la vez que respetuosos y flexibles, fortalecen la autoestima porque los niños imitarían formas asertivas y autónomas estén ellos o no presentes una vez aprendidas, no sufrirían problemas de adaptación en la escuela y sus interacciones serían equilibradas, ni timidez, ni agresividad, término medio entre estos caracteres.
Tremendamente complejo resulta todo lo dicho si nos abrimos al exterior y nos damos cuenta de la variedad familiar que nos encontramos en el colegio: cercanía o distancia de la figura de los abuelos, hijos únicos, existencia de hermanos con los que compartir, padres y madres que no están presentes por motivos profesionales o profesionales, madres y padres viudas, padres solteros con hijos adoptivos, agrupamientos familiares diversos y no siempre permanentes al formar los adultos que rodean al niño nuevas uniones, familias monoparentales dónde sólo uno de los progenitores es el encargado de la educación, periodos de separaciones, divorcios, distanciamientos con los miembros familiares cercanos…
¿Qué opino yo como educadora de estos estilos y qué líneas de actuación seguiría con mi hijo/a? Bien, observando beneficios e inconvenientes al respecto, está relativamente claro que por lógica el modelo que tendría presente sería el estilo democrático en tanto aplica los ideales de actitudes que son referentes óptimos cuando hablamos y trabajamos con niños dado que esos valores y normas constituyen elementos a considerar por encima siempre de los cognitivos que se transmiten no sólo por el tutor sino además por otros medios tecnológicos, de comunicación, informativos… Podría, de todas formas, reflejaros unos puntos de intervención de la familia en el momento presente, es decir, me centraría en los factores que vivo como profesora y observo a mi alrededor, serían éstos:
- Se educa a los niños según unos modelos que los padres tienen por buenos, intentan que crezcan y se desarrollen ajustándose lo más posible a ellos.
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La forma de aprender en la familia es “natural”, espontánea, informal, basada en la expresión oral como código fundamental de comunicación.
- Los métodos que suelen poseer los padres son el sentido común y técnicas aprendidas desde la experiencia propia (castigos, premios, convencer, aguantar…) sin responder a ningún planteamiento pedagógico concreto a no ser que tengan concepciones propias, profesiones vinculadas al ámbito didáctico y estén anexos a comunidades con ideologías y filosofías determinadas que sí tendrían un marcado modelo educativo.
- Se concede importancia a la educación del niño pequeño y los primeros aprendizajes, si bien las etapas siguientes preocupan y agobian pero se atienden más tardíamente, me explico, se espera a que se presenten las dificultades de aprendizaje, el fracaso escolar, las conductas disruptivas para ponerles freno.
- La escolarización temprana es vista por abuelos, titos, amigos, familiares cercanos como ayuda en una tarea en la que a veces se ven desbordados los padres primerizos. Escuchamos en incontables ocasiones: “no sé qué hacer”, “el niño se sale siempre con la suya”, “ahora me cuesta la vida ya verás cuando le pasen unos años”…
- Los padres proporcionan a sus niños nuevos contextos fuera del exclusivo mundo familiar. Además de a los abuelos, compañeros de pupitre y primos también les acercan a los lugares de ocio –parques temáticos, campamentos, deportes, actividades extraescolares amenas–, cultura audiovisual –documentales, programas educativos, materias transversales– y tecnológica –móvil, ordenador, consolas– algo que enriquece y cultiva la personalidad de los chavales desde pequeñitos.
- Las ocupaciones de padres y madres, la disminución del tiempo disponible y la diversidad de contextos dentro del ámbito familiar hace que en la vida diaria de los niños existan otros adultos extraños que al finalizar la infancia forman parte de su crianza y formación.
Pero nosotros enfatizamos la idea de que, de entre todos los grupos sociales, la familia y la escuela continuarán siendo los dos contextos en los que el niño se desarrolle primordialmente y por tanto, las relaciones, estrategias de comunicación y participación, los cauces adecuados y espacios para ponerlas en práctica y la buena voluntad de ambos contextos resultarán decisivos a la hora de hablar de educación de calidad y adaptada al alumno.
Ahora, nos quedamos con una cita de la que merece la pena extraer la enseñanza moral que nos transmite su lectura: “La única educación eterna consiste en estar lo bastante seguro de una cosa para decírsela a un niño”. (Gilbert Keith Chesterton)
Por M.ª del Carmen Moreno Fernández

