La hiperactividad infantil ¿caos o reeducación?

HIPERACTIVIDAD 300x225 La hiperactividad infantil ¿caos o reeducación?“…No para ni un segundo quieto, constantemente me pide ir al baño, deambula sin sentido, no muestra interés por ninguna actividad de clase, me interrumpe y molesta a sus compañeros, sus trabajos no tienen orden, ni claridad, ni limpieza, ni presentación, no atiende a razones, sus reacciones son impulsivas, incontroladas, casi inconscientes…”. ¿Es éste el perfil del niño hiperactivo?

Sin duda, es la desesperación mostrada en la comunicación oral de un profesor que comenta la pesadilla que le puede suponer esta situación de no saber tratarla o, por el contrario, la satisfacción personal de saberse entendedor de estos trastornos psicopedagógicos que, convenientemente diagnosticados e intervenidos, no acarrean más que esfuerzo y voluntad por parte de todas las partes implicadas: familia, profesores, pedagogos, psicólogos, pediatras y niños afectados por el llamado Attention Deficit Hyperactivity Disorder) o simplemente ADD (Trastorno por déficit de atención).

Parece que, estudios realizados en Estados Unidos, Europa y Canadá encuentran, que del 5% al 10% de niños en edad escolar presentan esta dificultad con cifra similar a la de los niños que tienen dificultades específicas de aprendizaje (NEE) como dislexia, discalculia y otros problemas del desarrollo (autismo, problemas conductuales).

Desde mi experiencia como psicopedagógica en centros educativos y tomando de referencia la actividad tutorial, presencial y de apoyo escolar que ejerzo en la actualidad puedo matizar que sí que es cierto que los problemas de atención e hiperactividad tienen un impacto notable en el desarrollo social y académico del discente. Por ejemplo, las rutinas diarias de aseo personal, ejecución de las tareas y alimentación se convierten en motivo de discusión permanente entre padres y niños hiperactivos. En el cole, los trabajos incompletos, el desorden, la descolocación del material, la inadaptación, la impulsividad y el rendimiento pobre e inconstante generarán ese desconcierto característico dentro del grupo, el cual hay que modificar con cautela, desde el control, la paciencia y la intervención interdisciplinar.

¿Qué causas provocan este trastorno? Se trata de una disfunción cerebral genética asociado a veces a factores de riesgos ocurridos en los periodos prenatal, perinatal y postnatal. Además el 50% de los niños tienen asociadas algunas alteraciones psiquiátricas, sobre todo, ansiedad, rabietas, miedos, depresiones y baja autoestima. Citemos algunos de los síntomas reconocidos en su cotidianeidad:

  • Suele mover en exceso manos y pies, se retuerce en su asiento.
  • Corre o salta en situaciones en las que resulta inadecuado hacerlo.
  • Habla excesivamente y con frecuencia.
  • Da respuestas precipitadas, antes de que se acaben de formular.
  • Es incapaz de esperar su turno y actúa compulsivamente, sin control.
  • Se entromete y entorpece los asuntos de los demás, tocan objetos, hacen payasadas…
  • Parece estar siempre en marcha, como si tuviera un “motorcillo” instalado en su interior.
  • Presenta dificultades para jugar con tranquilidad, asumir normas, dialogar y convivir en actividades de ocio.

Y en la ESCUELA ¿cómo se comporta? Puede que un día realice perfectamente la tarea porque estemos literalmente “encima”, pendientes de su evolución y otros, en los que el desaliento y el desastre sean notas predominantes. Igualmente, se percibe cierto retraso psicomotor desde las simples torpezas hasta las acusadas dispraxias (aprendizajes que no adquieren con corrección de nociones frecuentes e imprescindibles como esquema corporal, tiempo y espacio). Por otro lado, si observamos un cuaderno de un niño hiperactivo destacaran sobremanera, la disgrafía y la disortografía debido a la deficiente coordinación óculo-manual, tachones, confusiones, repeticiones, omisiones… Y sin duda, en el lenguaje expresivo y comunicativo se agudizan las marcadas alteraciones en la expresión, los problemas en el área de lectura, la habitual dislexia.

Resulta lógico comprender que, con todos estos síntomas, son niños que también presenten problemas emocionales. Este descontrol, casi constante, provoca irritación y desconfianza entre padres y maestros así como el rechazo contundente de cuantos chavales rodeen al niño hiperactivo, se crea en torno a él, una especie de burbuja que le aísla, nadie quiere compartir pupitre, actividades, juegos, salidas, excursiones, visitas, juguetes, emociones, etcétera.

¿Cuál es el tratamiento que debemos seguir con el niño o la niña hiperactivos? Farmacológico (lo prescribirá el personal competente) y psicológico con la finalidad de conseguir una reducción y una intervención adecuada para modificar esas conductas impulsivas e incrementar la atención.

Cuando el niño precise de tratamiento farmacéutico debemos ser conscientes de efectos secundarios adversos que puedan alterar el funcionamiento habitual psicofísico del pequeño: insomnio, pérdida de apetito, cefaleas, molestias gástricas, para así, colaborar en la medida de lo posible, con sus padres y/o tutores. Con respecto al psicopedagógico, familia, profesor y terapeuta serán una misma persona en cuanto a coordinación y equilibrio.

La FAMILIA deberá tener normas claras y bien definidas, dar órdenes cortas y de una en una, propiciar un ambiente ordenado y muy organizado, sereno, sin gritos, reconocer el esfuerzo realizado por el niño, aumentar su autoestima, evitar sobreprotegerle y no dejarse manipular por sus caprichos, cumplir siempre los castigos y las recompensas en sus acciones, darles pequeñas responsabilidades, aceptarle, saber que el trabajo es mucho y que se necesita constancia, tesón y fomentar su puntos fuertes, sus facultades.

Yo, como MAESTRA DE PRIMARIA, ¿qué haré ante un caso de hiperactividad? Primero, tras un diagnóstico leído del profesional sanitario y tras reuniones con el coordinador de ciclo y los padres, creo que intentaría mostrarme comprensible, asimilando el trastorno del niño, informándome sobre él, sentarle en el lugar adecuado, lejos de estímulos, enfrente de mí, entre niños más sosegados y tranquilos, le daría órdenes simples, serias y breves, estableciendo siempre un contacto visual con el niño o la niña desatentos, no puedo exigir todo a la vez, sino desmenuzarle la conducta en pequeños pasitos, (veámoslo con un ejemplo, si quiero centrarme en la tarea, primero, le pediré que logre terminarla, después que la haga con buena letra y por último, que el contenido sea acorde y correcto con la propuesta inicial del ejercicio), enseñarle y obligarle a mantener el orden en su mesa y hacer concesiones especiales para ellos suele dar buen resultado, es decir, darle más tiempo en los exámenes, alternarle actividades de trabajo de pupitre con otras que les permitan levantarse y moverse un poquito, indicarle cuando se está equivocando por un descuido, facilitarles un examen oral de vez en cuando para que descanse de la escritura, etc., y sobre todo, una palmada en el hombro, una sonrisa ante un esfuerzo, por pequeño sea, son para ellos, signos claros de que no están solos, pues ellos son conscientes de que tienen un problema.

No te pedirán ayuda pero sí agradecerán la que le ofrezcas. No le humille o conteste en los mismos términos que ellos suelen hacerlo, hay que evitar insistir siempre sobre todo lo que hace mal, tener entrevistas frecuentes con los padres para recabar información sobre ellos y seguir su evolución resultan ideales como medidas preventivas y de superación de obstáculos.

El o la TERAPEUTA también tiene su misión en estos casos, orientarán a los padres sobre el trastorno que padecen sus hijos o hijas, les ofrecerán vías, alternativas y soluciones a su alcance, pautas de conducta y actuación adecuadas para que puedan seguirlas, reeducarán las dificultades de aprendizaje asociados de las que ya comentamos anteriormente (falta de memoria, disgrafías, dislexias, etc.), le entrenarán en la resolución de problemas, en las habilidades sociales (diálogo, generosidad, amistad, empatía, asertividad…) y en técnicas de relajación (actividades de respiración, control tónico muscular, equilibrio, entre otras).

Sinceramente comparto la opinión de que estos niños sólo necesitan que nos familiaricemos con sus limitaciones, que sepamos que aún queda mucho por descubrir sobre las bases biológicas, la influencia del entorno y las posibilidades terapéuticas de este síndrome al ser una entidad propia. Si sus padres no se alarman innecesariamente, el comportamiento de su hijo o hija hiperactivo/a les preocupa realmente y realizan un diagnóstico precoz facilitará el tratamiento posterior, mientras tanto, los profesionales de la educación, seguiremos luchando por compensar esas carencias que nos vienen desde fuera y que, sin duda, hacen más rica las diferencias entre las personas, trabajar en un contexto en el que debemos implicarnos responsablemente, sin etiquetar, excluir o marginar resultan modelos claves que los alumnos imitarán. “El niño hiperactivo, por el hecho de serlo, requiere un compromiso social por parte de profesores, familias y demás profesionales, quienes pueden convertir la situación en un auténtico caos o en un ambiente de aprendizaje constante”.

Por M. ª Carmen Moreno

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