“Espero mi vejez mentalmente activo”

ESPERO MI VEJEZ MENTALMENTE ACTIVO1 300x200 Espero mi vejez mentalmente activoDurante las últimas décadas la Educación de Adultos ha cobrado una importancia decisiva para conformar el marco social adaptado a las necesidades del momento y a cubrir las expectativas que los ciudadanos de hoy tienen en sus mentes. Muchas personas optan en la actualidad por su alfabetización, por la formación permanente, por el acceso Graduado en ESO, Bachillerato o FP de Grado Medio y Superior, por la incorporación posterior a la Universidad, por la educación a distancia, por los cursos online, por los talleres ofertados desde centros específicos como academias, ayuntamientos, centros de formación ocupacional de la mujer, aulas de mayores, ejemplos éstos, en definitiva, del espíritu de reanudar estudios, de ilusionarse y creer en sus posibilidades, de sentirse útiles y activos hasta el final de sus días.

Las diferencias de aprendizaje entre un niño y un adulto resultan notorias y, a veces, decisivas, en cualquier proyecto, curso, iniciativa formativa, propuesta emprendedora o concepción didáctica que se lleve a cabo en la práctica. El dominio de habilidades y estrategias de aprendizaje, la motivación e intereses, la maduración psicológica, las características fisiológicas del cerebro, la situación personal, la disponibilidad y condiciones, el nivel de autoestima son factores que están presentes en el perfil del adulto que acude a unas clases interesándose por ampliar su formación, complementar la que posee o iniciarse simplemente, por pasar un rato, adquirir nuevas nociones, actualizarse conforme a los tiempos en que vivimos, establecer relaciones sociales satisfactorias en torno a los Idiomas, las Nuevas Tecnologías, las Manualidades, los Cursos de Cocina y un sinfín de actividades.

¿Qué debemos tener en cuenta los profesionales que desempeñan su labor pedagógica con adultos y ancianos? Pues algunos factores personales de este grupo de edad que condicionarán la configuración del clima en clase, la metodología a seguir, nuestra intervención y su participación, la elección de los recursos, la incentivación del alumnado. Por ejemplo, las dificultades derivadas de la falta de recursos, habilidades y estrategias para aprender, su falta de hábitos de estudio, si tienen la sensación de que aquello que adquieren no le servirá se desmotivarán y desviarán su atención, en este momento para ellos la formación no es el aspecto principal de su vida, poseen otras obligaciones familiares, laborales, de salud inclusive que ocupan gran parte de su actividad, si además añadimos que se sientan poco valorados y capacitados para formarse porque quieren pero no pueden, se agrava la cosa un poco más. 

Entonces, las personas de cuarenta a sesenta años cuando van a informarse a un centro de formación ¿qué buscan en realidad? Normalmente poder inscribirse en cursos interesantes que les hacen actualizarse conforme a los tiempos, demandan programas bilingües, informática, mecanografía, artesanía, pintura, dibujo, costura, repostería, técnicas de relajación, deportes, estética, cosmética, bienestar mental, psicomotricidad y un largo etcétera. Quieren encontrarles una utilidad y aplicación práctica a todo cuanto aprenden, se forman con cansancio e inquietudes socioprofesionales, muestran bajo nivel de autoestima, sin embargo, en esos perfiles resalta siempre un afán curioso por no dejar de aprender. 

Con respecto al seguimiento didáctico en clase y dependiendo de cuál sea la formación demandada observamos cómo el ambiente que se crea en torno a los grupos dinámicos de adultos se ve envuelto de ilusión, deseos de compartir experiencias, ideas y creencias previas, se toman su nuevo proceso de enseñanza-aprendizaje sobre la base constructiva y significativa que consolidaron con el transcurrir de los años, constituyen una fuente inagotable de audiencia crítica en el aula aunque eso sí, están menos dispuestos a los cambios repentinos de trabajo, debemos explicarles progresivamente el desarrollo de las tareas, ejemplificar cada una de nuestras explicaciones; partiremos siempre de tres grandes elementos conductuales a favor de la mayoría: la paciencia, la repetición y el respeto, no se puede dar nada por entendido y sí hacer hincapié en las nuevas adquisiciones para que conexionen, modifiquen y estructuren la realidad que ya llevan consigo, ese aprendizaje por descubrimiento de Bruner, constructivo-social de Vigotsky o ecológico de Bronfenbrenner, modelos teóricos muy estudiados.

Al otro lado de la balanza, también nos encontramos prejuicios e infravaloraciones de un buen porcentaje de población adulta para quienes no se ha despertado aún ese interés de seguir extrayendo conclusiones, extrapolando saberes y generalizando aplicaciones. Tal es el caso de quienes consideran que a medida que uno envejece el abanico de expectativas se reduce, la inteligencia se estanca, la memoria decrece, la rapidez de reacción y aptitudes sensorio-perceptivas merman y le temen al olvido, a su limitación impuesta social o personalmente, tienen la impresión de que las comparaciones con la juventud les excluye de un avance cognitivo que progresa siempre independientemente de la edad, es obvio, por tanto, que se lleva en el espíritu como cualquier otro aspecto psico-fisiológico del paso del tiempo, resultan ser los achaques frente a la renovación pedagógica de la vejez, diríamos.

Comentadas las distintas vertientes o actitudes ante la continuidad del proceso de enseñanza-aprendizaje los docentes que nos dediquemos a la educación o formación de adultos cualquiera que sea la naturaleza del centro tendríamos una serie de intervenciones que intentaríamos cumplir, entre otras, aprender a desaprender, es decir, intentar que con habilidades y técnicas de estudio recobrasen el sentido de conectar los conocimientos suyos con aquellos que les estamos proporcionando, creando un andamiaje o ayuda que le hiciese activar su capacidad de razonamiento, memoria, atención, concentración y observación, claves estos procesos para el desarrollo mental comprensivo y duradero, estableceríamos primero, cuáles iban a ser nuestros objetivos para con ellos, creando un clima de entendimiento, colaboración, solidaridad y calma tomando conciencia de los distintos ritmos que, de buen seguro, van a existir, probablemente más dispares y heterogéneos que el grupo de niños homogeneizado en cuanto a periodos prefijados en edades aproximadas.

Igualmente debemos valorarles el hecho de formarse y el esfuerzo que ponen en ello, algo que implica premiar los éxitos al tiempo que valorar los fracasos con intención de estimulares, motivarles, que no se aburran. En este punto, cabe distinguir, un tema vinculante apoyado en el dicho popular que predica cómo el adulto vuelve a ser niño, requieren protección, cariño, amistad, cercanía, lenguaje coloquial, contexto saludable en consonancia a sus necesidades físicas, psíquicas, afectivas, emocionales, culturales e intelectuales.

Describamos un grupo de adultos de unas quince personas, agrupadas en torno a sus afinidades, relaciones de compañerismo, parejas consolidadas, vecinos, primos, hermanos, cuñados… con labores bien distintas pero unidos por el lema “Queremos seguir aprendiendo”, aun más, el personal a su cargo, docente, responsable, tutor, monitor o profesor experto les enseñará a aprender haciendo y se enriquecerán mutuamente, luego, sacamos en conclusión, que sí partimos de unos modelos teóricos de aprendizaje, de un saber estar y llevar la clase, de entender y haber estudiado las características conductuales y los procesos cognitivos que llevan implícitos estos adultos, su forma de entender el concepto de aprendizaje a esta edad, de desenvolverse en el minicontexto de clase, de hacer uso de los recursos disponibles, de entablar conversaciones sin sentirse cohibidos, presionados o amedrentados en su forma de expresarse, de dar su opinión, de involucrarse en la tarea.

El adulto no es más que el reflejo de aquel niño, sujeto activo de su propias construcciones mentales de la infancia en interacción con el medio, las diferencias no marcarán dificultades, todo lo contrario, reiniciarán en unos casos o enlazarán en otros aquellos aprendizajes que por distintos motivos no tuvieron oportunidad de realizarse o se vieron obligados a abandonar por circunstancias varias.

Esto que parece tan fácil a simple vista, después vemos cómo no lo es en la práctica pues, entendemos, que no todo el mundo está preparado psicológica y profesionalmente para impartir clases ni a niños ni a los adultos, ambas edades exigen una atención psicopedagógica diferente y a la vez similar en cuanto al proceso en sí. Objetivos, contenidos, actividades, evaluaciones, explicaciones, espacio-tiempo, recursos siguen formando las unidades didácticas a impartir, estén expresadas por escrito o lo realicemos mentalmente, después, la práctica y la experiencia diaria te va marcando los límites del hasta dónde puedo llegar hoy o tengo que retroceder mañana con la debida cautela que merecen ambos periodos evolutivos. El profesor nace aunque después se hace con el transcurrir de la experiencia.

Justo para el hueco destinado al aprendizaje a otras edades hemos querido ofrecerles a nuestros lectores una cita que otorga la importancia que pensamos hemos transmitido acerca del tema que hoy nos ocupa: “Aprender supone actuar ante los problemas que se presentan a través de la realidad cotidiana. El adulto ha de responder a esa realidad de acuerdo con sus valores. es por lo que a esta edad, la educación presencial no resulta ser fundamental para este aprendizaje. en la educación a distancia, el alumno dialogará con la realidad mucho más que con el docente. Mientras el niño y el joven se proponen para vivir esa realidad y el anciano ha pasado por ella, el adulto la vive. La realidad es ahora, su presente”.  (Cirigliano)

Por M.ª del Carmen Moreno Fernández

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