El valor educativo de la Navidad

El valor educativo de la NavidadRepresentaciones de nacimientos en los colegios, adornos, pinos, belenes, visitas de Papá Noel y Reyes Magos de Oriente al centro escolar, nieve, frío, postales, iluminación de las calles, pascueros, villancicos, comidas de empresa, regalos, celebraciones, lotería, cotillones, reuniones familiares, vacaciones, preparativos, ilusión, solidaridad, ternura, ambiente de paz… ¡Ya es Navidad! 

Psicológicamente nos predisponemos a vivir unas fiestas entrañables con amigos y familiares, así se lo transmitimos a nuestros hijos desde pequeñitos, hay que ser buenos todo el año y especialmente en estos momentos pues, presentes y buenas obras están en juego para con ellos, sin duda, los niños son los principales protagonistas del periodo navideño. Padres y educadores debemos aprovechar la ocasión para sembrar en ellos actitudes positivas hacia los demás, gestos como compartir, soñar, ilusionarse, ser generosos, solidarios y participativos en cuantas actividades se propongan no sólo en el colegio sino también en casa, de ayuda y colaboración con los adultos e iguales.

Se han de promover contenidos transversales que impregnen las áreas del currículo pedagógico, la Educación para el Consumo, la Igualdad de Oportunidades, Paz y convivencia, Multiculturalidad, Medioambiente y Tecnología, serán algunas materias que estén presentes a lo largo de las unidades didácticas previas y posteriores a las fechas mencionadas. No olvidemos que los medios de comunicación, las tradiciones, el ambiente de derroche y excesivo consumo van a predominar, centrado además en un público indefenso, que tiende a imitar modelos de conducta y que no tiene la capacidad de decisión como consumidor responsable.

Hábitos de autonomía, regulación de impulsos, autoestima, autoconcepto, autoimagen, respeto y tolerancia han de ser cuidados en el marco de un clima acogedor, favorecedor o no de habilidades sociales que debemos inculcarles cada día, no sólo en este fin de trimestre. Cobra especial importancia en el desarrollo de la personalidad el punto de equilibrio óptimo entre el sentirse bien con uno mismo agradando a quienes nos rodean.

¿Será éste el sentido de la Navidad?, ¿Se trata de un mes en el calendario reflejo de la compra, del lema “tirar la casa por la ventana”?, ¿Se tratará de una celebración religiosa más?, ¿Es lógico pensar su existencia en tiempos de crisis?, ¿Cobra la familia una función diferente en el mes de diciembre?, ¿Qué se nos enseña con tanta publicidad?

Si pensamos objetivamente, la Navidad no es más que marketing comercial, despilfarro, gasto incontrolado, la máscara de una realidad contradictoria en valores y predisposiciones personales. Las acciones voluntarias, la buena gente, los sentimientos positivos, la armonía familiar, el pacifismo, la entrega, el cariño al prójimo, etc., no debieran tener un espacio exclusivamente navideño, sino reinar durante toda la vida del individuo en la medida de sus posibilidades que siempre resultan ser mayores de lo que creemos.

Los niños del hoy representan el futuro del mañana, con lo que significa esta expresión, aquello que forjemos y consolidemos desde pequeños perdura más allá de nosotros, es decir, aprender a vivir con lo que realmente se necesita, la familia unida, los amigos conseguidos, los hermanos, los abuelos, los primos, los titos, los iguales del colegio, las figuras de apego cercanas, compartiendo con ellos buenos ratos en torno al calor del hogar como antaño, no requiere más que el esfuerzo de establecer relaciones sociales satisfactorias en el contexto circundante del menor, cada cual, dentro de sus opciones y circunstancias de vida, debe aprender a aprender de lo que posee, a valorar lo que con esfuerzo se consigue.

No por pedir un juguete caro o regalar el más fino brillante se es o hacemos más feliz a alguien, el agradecimiento, el detalle, la emoción que logremos al ver brillar los ojos de un niño, todo es educable, el significado didáctico de la Navidad pasa por trabajar núcleos temáticos transversales enfocados a un consumo responsable, a un reciclaje continuo de materiales, a la creatividad en la elaboración de nuevos juegos, a la lectura e interpretación de imágenes televisivas, al aprecio por otras vivencias, al culto de las distintas concepciones artísticas, culinarias, religiosas y musicales, al fomento de talleres de solidaridad y voluntariado sin pedir nada a cambio, al respeto por las tradiciones que nos dejaron nuestros abuelos, a desarrollar, en definitiva, el interés y la curiosidad por las manifestaciones culturales más allá de lo puramente materialista y efímero, la educación en valores que tanto promulgamos y que se consolida a base de ejemplos moralizantes en referentes adultos que significan algo más que un padre, una madre o una maestra para un niño, tal como nos comentaba la célebre docente M.ª Montessori: “La primera tarea de la educación es agitar la vida pero dejarla libre para que se desarrolle”.

Por M. ª Carmen Moreno

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