Del “encerado verde” a la “pizarra digital interactiva”

DEL ENCERADO VERDE A LA PIZARRA DIGITAL INTERACTIVASi retrocedemos en el tiempo y consideramos los diversos medios educativos con los que hemos contado los profesionales de la enseñanza,  resultan notables las diferencias en disponibilidad, funcionalidad y tecnología. Aún así el tema que nos ocupa merece una reflexión importante sobre la siguiente cuestión: ¿Estamos los docentes al servicio de los recursos o éstos deben suponer un medio complementario para conseguir objetivos propuestos en nuestras programaciones de aula? Si tuviésemos que hacer un ejercicio de adecuación del equipamiento escolar, material didáctico y curriculares probablemente sería difícil de entrada un análisis valorativo de qué medio podría resultar más idóneo.

Pensemos, igualmente, que la utilización de los recursos no se entiende en el vacío sino en un contexto donde hemos de tener marcadas las directrices implicadas en el proceso de enseñanza-aprendizaje, la concepción psicoevolutiva en el desarrollo físico, psicológico, cognitivo, motriz y social del grupo de alumnos que se nos asignó, los fines que se pretenden y la unidad didáctica que estemos desarrollando en cuestión. Probablemente al trabajar Geografía, Lengua, Inglés o Química no usaríamos los mismos materiales, soportes, formatos… Después en ese marco, también estarían inmersas las diversas dinámicas de grupo que llevarían a establecer interacciones entre iguales, profesores y resto de personal educativo.

Los que contamos con algunas décadas de edad recordamos al maestro de antaño, en la Escuela Rural, rodeado de pupitres alineados, ubicado en su mesa central, equipado del llamativo globo terráqueo, el diccionario polvoriento y la Biblia obligatoria que acompañaba a las imágenes tradicionales de los Reyes de España y el reloj justo encima de la pizarra. Ésta provista de tizas blancas o de colores, del borrador, el cartabón, la escuadra y el compás gigante de madera cubría las mejores y más extensas explicaciones del profesor, junto a ella el profesor se deleitaba plasmando figuras geométricas, el análisis de oraciones, el mapa de Andalucía, la silueta del cuerpo humano, la división con decimales y otros contenidos de carácter sustancial, primaba lo conceptual y actitudinal en detrimento de lo procedimental que se reservaba a las etapas iniciales de Preescolar y Primaria. Un único libro de texto en familias que podían permitírselo en estreno para sus hijos dejó paso con los años a las temidas listas de materiales que indicaban el inicio del curso, folios, carpetas, bolígrafos, lápices, un manual para cada asignatura, libretas, cuadernillos específicos de lecto-escritura, cálculo y problemas, diccionarios, material auxiliar de manualidades, más el extra económico de fiestas puntuales hacían notable el esfuerzo económico de muchos padres en este momento del año.

Actualmente se establecen criterios de flexibilidad, solidez, seguridad, permisividad, alcance, significatividad, organización, orden, limpieza, claridad, adaptabilidad, innovación, tecnología, aplicación real e interactividad cuando vamos a planificar la organización de espacios y equipamiento de una clase. Ya no sólo esperamos de un medio que nos sirva para explicar una lección sino que pretendemos que el alumno se involucre en el aprendizaje porque le interese, le llame la atención, le motive, en definitiva, se sienta partícipe directo en su formación. Las capacidades de simulación, representación, razonamiento lógico, desarrollo sensorial y perceptivo, comunicación y lenguaje están en juego y debemos ser conscientes de los parámetros que estableceremos para equilibrar la proporción calidad-cantidad.

Un niño aprende según unos procesos cognitivos básicos de atención, comprensión, memoriza, repetición y recuerdo, además se sigue en su desarrollo una secuencia natural de aparición que le permite entablar conectores entre los aprendizajes previos y los nuevos que se van incorporando, ese principio de asimilación-acomodación del que nos hablaba Piaget. De ahí que la interactividad, como propulsor de iniciativas de aprendizaje, cobre vigor en nuestros días. Supone, por un lado, que el alumno está lo suficientemente motivado y mantiene un nivel constante de atención por la atracción y el continuo feedback que recibe, el cual no le supone esfuerzo añadido y obtiene una recompensa inmediata. Este poder de contacto visual le predispone a que la abstracción de ciertos contenidos (no tangibles o manipulables en papel, formato 3D, superposiciones, simetrías, transparencias…) tan monótonos y lineales en ilustraciones desvirtuadas en libros de texto los tomen como más cercanos, manipulables en cierta forma al verlos plasmados en animaciones y composiciones interesantes que pueden desprenderse en esas pizarras digitales interactivas. Igualmente ocurre con paneles y mesas prediseñadas para que varios infantes puedan compartir un mismo aprendizaje, valorar experiencias y poner a prueba su imaginación, disfrutar aprendiendo que es lo que se pretende realmente.

Todo lo anterior expuesto carece de valor intrínseco si entendemos que el papel del profesor en el aula hoy más que nunca necesita de una actualización para adaptarse a éstas y a  las próximas generaciones, los docentes que se están formando en las universidades deben conocer los distintos medios existentes en el mercado, las editoriales proponer otras alternativas en material didáctico y, en definitiva, poner a su disposición centros de recursos a los que acceder para crear, diseñar, elaborar, experimentar y desarrollar programas concretos que después plasmarán en el aula. Siempre existieron cursos de perfeccionamiento y formación del profesorado pero también es cierto que existen nuevas necesidades educativas que satisfacer, pensemos en adaptaciones curriculares, programas específicos que atiendan dificultades motrices y sensoriales, sobredotación, alteraciones en el habla, problemas en la comunicación a los que hacer frente mediante recursos que hagan más llevadera la vida de estos niños. Para el resto que se dice, escuela ordinaria, tanto la PDI como otros recursos que surjan en el futuro deben ser una realidad que se nos brinde para completar y ayudarnos en nuestros quehaceres pedagógicos.

Expresiones tales como aplicaciones con anotaciones digitales, teclados virtuales, cuestionarios interactivos, aplicaciones informáticas sujetas a órdenes táctiles que uno mismo puede realizar in situ y de las cuales obtenemos una respuesta rápida sin esperar a correcciones póstumas, convivirán con los actuales ordenadores. Pero no olvidemos que la incorporación de estos medios no tienen ningún sentido si detrás no existe la figura indiscutible de un profesorado comprometido con la realidad social del momento, cualificado e interesado por el progreso, implicado en una nueva concepción de enseñanza-aprendizaje que apueste por incluir tecnología educativa en los centros.

Por M.ª Carmen Moreno

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