¿Por qué fracasan los alumnos?

POR QUÉ FRACASAN LOS ALUMNOSLas estadísticas nos dicen que el 72% del desempleo de menores de 25 años tiene relación estrecha con el abandono de estudios y el fracaso escolar, que casi la tercera parte de los adolescentes que cursan la E.S.O. obtiene calificaciones negativas, el 32% han sido repetidores en alguna ocasión, el 35% llega sólo hasta 2º de la Secundaria Obligatoria y el 48% no supera el Bachillerato, rondando el 50% los casos de abandono de estudios en la Universidad, ¿cifras alarmantes?, ¿qué está ocurriendo?, ¿se buscan responsabilidades?

Sinceramente comparto la idea de muchos psicólogos y pedagogos de que la problemática no se plantea de fácil solución. Puede ser porque la expresión “fracaso escolar” lleva implícita una serie de causas que habríamos de analizar por partes. En primer lugar, ¿cuándo podríamos decir que el niño ha fracasado escolarmente hablando y qué criterios se han seguido a la hora de etiquetarle?

Los padres dirían que no siguen el mismo ritmo de trabajo que los demás, que sacan malas notas, que no muestran interés por sus aprendizajes; como psicopedagoga puedo afirmar que va más allá de todo esto y que el mal estudiante siempre se mide en términos cuantitativos y objetivos de malas o buenas calificaciones. Al respecto tengo que matizar que educar a los alumnos no se limita a otorgarles puntuación numérica a sus conocimientos intelectuales, hay que valorar otros aspectos, de ahí que opine que detrás de un fracaso escolar existen causas afectivas, intelectuales, neurológicas, ambientales no siempre vinculadas al factor inteligencia.

Si me encuentro en el aula con un niño que no recibe estímulos en su trabajo diario, que su capacidad lingüística está mermada por influencias negativas del entorno, que no establece relaciones sociales ni habilidades de generosidad, empatía, convivencia con sus iguales, que se muestra inseguro, apático, desilusionado y desmotivado por todo y además obtiene como recompensa el castigo inevitable de los padres al ver las notas trimestrales ¿estaremos ante un caso de fracaso escolar? Así que nuestro primer paso como profesionales es establecer un diagnóstico adecuado del chaval que tenemos delante, normalmente, adolescente entre 12 y 16 años, porque el fallo puede estar en cualquier eslabón educativo: niño, adolescente, influencia de iguales, familia, entorno inmediato, contexto-aula, profesor, metodología, recursos… pero los desencadenantes que deben ponernos en alerta son casi siempre los mismos: trastornos de aprendizaje, de desarrollo, problemas de aptitudes y de rendimiento.

Una vez observados e investigados los factores de fondo psicológico, afectivo y social se tomarían las medidas oportunas de aplicación práctica con los niños en el grupo y con sus progenitores en el hogar. Si su hijo repite, se siente angustiado, no quiere asistir a clase, no hace sus tareas diarias, no acepta apoyo del profesor particular, no entra en razones y simplemente empieza a sentir rechazo por el colegio sin duda, reúne síntomas claves de ser analizados en profundidad, no podemos dejar pasar y a ver qué ocurre al siguiente trimestre, no, porque después puede ser demasiado tarde en lo que a recuperación emocional del chaval se refiere, las notas remontan en tanto que el niño se siente atraído por lo que hace, ve que su esfuerzo ha merecido la pena, los iguales no le discrimina, los padres no le echan el continuo sermón como ellos manifiestan, etc. Programas de refuerzo, diversificación curricular, profesores particulares, técnicas de estudio, habilidades sociales, motivación intrínseca pudieran ser el primer paso para atender simplemente necesidades que se obvian, descuidan, etc.

Actualmente el fracaso escolar es un tema incandescente, más polémico que nunca en términos de planes que se incorporan nuevos, hemos pasado en tan sólo unas décadas por varios planteamientos legislativos en Educación (LOGSE, LOCE, LOE), quienes nos dedicamos a la enseñanza hemos visto saltos gigantes en niveles entre tanta reforma y la ley del mínimo esfuerzo y el máximo provecho junto al pasotismo y a la rebeldía se han ido instalando en las maneras de proceder y de pensar de los jóvenes. Y ahora ¿qué hacemos?

Cada agente educativo culpa al otro de los malos resultados académicos, la familia a la escuela, la escuela a la familia, la sociedad al estado, el partido vigente al de la oposición y las pruebas están ahí, Matemáticas, Lengua e Inglés siguen siendo las materias en los que se registra un mayor fracaso escolar, las relaciones con el profesorado están sufriendo comentarios de índole social, quieren volver al tratamiento de Vd. al profesor, el éxito escolar pasa por el dominio tecnológico de medios que aun no han llegado a los colegios por falta de presupuesto, aparecen episodios de violencia…

¿No es esto otro gran fracaso social que afecta a los niños? ¿Hasta dónde quiero llegar con los anteriores ejemplos? A que la escuela como una institución social que se define, con unos patrones pedagógicos y unos principios éticos, cívicos, morales y compensatorios de atención a la diversidad y calidad educativa debe hacer frente a los problemas que se plantean en la sociedad porque forma parte de ella. La Educación lo es a todos los niveles, no sólo al cognitivo, se entiende como el conjunto de desarrollo de habilidades sociales, afectivas, psicológicas, motoras e intelectuales.

Y nosotros, los maestros no podemos vivir al margen de lo que hay fuera en la calle, de lo que respiramos cada mañana al levantarnos, crear un modelo único no garantiza el éxito pero sí lo encauza a buen fin el hecho de que los padres estén bien informados de lo que acontece a sus hijos, que puedan dar ejemplo, que consigan confianza y diálogo más que sólo reñir y plantearles un estilo autoritario, que les animen y feliciten por los pequeños logros que vayan adquiriendo en sus aprendizajes, que se sientan arropados, queridos y respetados, esto por parte de la familia. ¿Cuáles serían las funciones del Estado en materia de Educación que podrían favorecernos a todos?

Garantizar políticas económicas de ayuda y apoyo, con medidas globales y no parciales ya que resultan ineficaces, atender a los desfavorecidos y a las necesidades educativas especiales (niños que necesiten más tiempo y otros medios, por ejemplo), ¿qué nos encontramos? Medios insuficientes, escasez de profesorado, ratios elevadas, difícil conciliación de la vida laboral-familiar de cara a la participación y colaboración de los padres.

Debemos darle la vuelta a la tortilla si queremos que entre todos, podamos salvar a los escolares de hoy porque el fracaso como tal entiendo que no existe, son cúmulos de circunstancias por las que pasan niños y jóvenes escolarizados y que por comodidad, detección adecuada, intervención socio-educativa, etc., no se atienden.

Las medidas están ahí, los problemas sobre la mesa, sólo hay que ponerse en marcha y actuar en consonancia a lo que se piensa, los coordinadores, los equipos de profesores, los servicios de apoyo externo, la figura del orientador, la incidencia de padres desesperados porque les busquemos soluciones inmediatas y sobre todo, niños que perdieron en algún momento su rumbo nos tiene que hacer despertar a los profesionales de que no somos los únicos pero sí parte importante de la sociedad por el rol que nos han asignado y que hemos elegido, que tenemos que buscar otros medios y apoyos externos, eso ya lo sabemos, luego hagamos de las alternativas al uso una realidad, dejemos al niño aprender de sus errores, sentir que puede mejorar, ayudarle a resolver sus conflictos pues no ven más allá de su capacidad de razonamiento por el rango evolutivo que atraviesan, no saben pedir ayuda o no son conscientes de que la necesitan, acerquémonos a ellos, pues como decía John D. Rockefeller: “En todo fracaso hay una oportunidad nueva”.

Por M. ª Carmen Moreno

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