¿La televisión educa?

nino viendo tele article ¿La televisión educa?La televisión ofrece la posibilidad de entretener, informar y acompañar en unos tiempos donde compite con otros medios tecnológicos que pretenden objetivos similares. Como pasatiempo de gran influencia en el público infantil, padres, profesores y tutores tenemos que fomentar a estas edades hábitos de ocio y tiempo libre saludables que permitan adoptar posturas críticas y de elección adecuadas en torno a la programación, publicidad y otras posibilidades educativas que pudieran derivarse de este medio.

Así, tenemos que ser conscientes del aprendizaje por observación e imitación que siguen los niños a lo largo de su desarrollo evolutivo, máxime cuando su personalidad aún no se ha afianzado, como tampoco lo han hecho valores, normas, roles y conductas sociales. Pensemos en la cantidad de horas que pasan los niños frente a la pantalla, innumerables anuncios comerciales, patrones de comportamiento en personajes famosos fieles a la captación de un grupo de edad muy vulnerable que apenas tiene capacidad de entender el por qué se les ha puesto frente a la misma, ni entender que es un poderoso instrumento de persuasión, divulgación y consumidor impulsivo no sólo de imágenes, sonidos y palabras sino de un trasfondo que deja entrever cultura, religión, política, sexualidad, raza, género, arte, tradición, en definitiva, una serie de estereotipos y modelos sociales, en la mayoría de los casos inadecuados, que interfieren notablemente en sus vidas desde muy corta edad.

Por ejemplo, un niño de cinco o seis años que no cuente con actividades complementarias, extraescolares, el apoyo de sus padres para hacer juntos las tareas de clase, la práctica de algún deporte y simplemente pase las tardes en casa, obviamente, se encontrará en una situación de desamparo vital en cuanto a satisfacción de necesidades, si no básicas, sí importantes para su proceso de socialización. De ahí que la familia juegue un papel crucial como mediadores entre los recursos disponibles y las demandas que se requieren en cada etapa del desarrollo infantil.

Pensemos en el periodo sensoriomotor donde las habilidades manipulativas, sensoriales, perceptivas y cognitivas logran su máximo esplendor hasta alcanzar los dos años y donde se organicen las primeras ideas y nociones del mundo, la tele puede suponer un impacto visual tremendo desaconsejado por pediatras si no se valoran en su justa medida las emisiones, los contenidos, las imágenes, los sonidos… Igualmente se necesita cierto control en el periodo preoperacional donde se cultivan la permanencia del objeto y la identidad cuantitativa, la noción de género, las primeras nociones sociales y la adquisición adecuada de hábitos y rutinas; introducir en este momento la capacidad para ser responsable, saber lo que se ve, compartir con los padres y aprender a expresarse y comunicarse pueden ser sustanciales en la adquisición de representaciones varias.

Reflexionemos pues, sobre circunstancias que se suelen dar en bastantes hogares españoles donde la tele se ha convertido en el centro de atención, se enciende para ver lo que hay, se usa como premio o castigo de cara a reforzar o eliminar comportamientos ideales y referentes, se deja a los críos a merced de una compañía no elegida según criterios pedagógicos sino de intereses particulares. La televisión “canguro” opta por suplantar la labor del padre y de la madre en horas en las que no pueden atenderles debido a cuestiones personales y laborales.

Podemos deducir que el aprendizaje audiovisual debe ser un contenido explícito en las unidades didácticas que se promuevan desde el centro educativo, al tiempo que resulte interesante trabajar la creación y consolidación de este hábito desde el hogar.

Docentes y familiares deben entender que realizar lecturas denotativas y connotativas acerca de lo que ellos y los niños ven juntos en la televisión les va a proporcionar la oportunidad de diferenciar entre lo real y lo ficticio para que entiendan que se debe apagar la tele durante las comidas, en tiempos de descanso, seleccionar programas infantiles que prediquen aspectos sustanciosos al proceso de enseñanza-aprendizaje de los pequeños, etc. Les resaltaremos siempre los efectos positivos de cooperación, sensibilidad, interés por los demás, amistad, esfuerzo y superación en detrimento de los negativos expuestos diariamente, tales como violencia, agresividad, maltrato, información errónea, engañosa, tele-basura, cotilleos sin argumentación ninguna dentro de un contexto acorde a su edad, necesidades, inquietudes y preferencias.

No podemos permitir que los niños crezcan al margen de las relaciones sociales establecidas en su grupo de iguales del que se apartó por completo, que no practiquen actividades socioculturales y deportivas que llenen sus periodos de descanso, que sigan siendo espectadores pasivos, sin control adulto, otros efectos secundarios colaterales podrían estar al acecho como obesidad, sedentarismo, apatía, marginación, vicios y complejos ligados a pronunciados estereotipos que se repiten a lo largo de los días. Eduquemos con y para la imagen, enseñémosles a interpretar los mensajes, a enjuiciarlos críticamente, seleccionemos los contenidos de acuerdo a nuestros pensamientos, orientemos a los niños puestos que son ellos los lectores audiovisuales del futuro.

“Y no olvidemos que este medio de comunicación, información y diversión es otro de los muchos recursos pedagógicos de que disponemos actualmente en nuestras sociedades que nos permiten abrir nuevas posibilidades formativas, en los adultos recae la tarea y responsabilidad de buscar alternativas que hagan a los niños ver la tele pensando y reflexionando en compañía de los demás”.

Por M.ª  Carmen Moreno

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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