¿Es posible educar la creatividad o se nace con ella?

EDUCAR LA CREATIVIDAD O SE NACE CON ELLA ¿Es posible educar la creatividad o se nace con ella?¿Cuántas veces nos ha llamado la atención una respuesta, una actitud ante el juego, una visión original y espontánea en la resolución de un problema, una manera de expresarse y esa emotiva curiosidad con la que algunos niños suelen cuestionarse aspectos que a los adultos no se nos hubiese ocurrido? Pues bien, se trata de indagar en las dimensiones cognitiva, afectiva y conductual de nuestros alumnos y despertar en ellos la iniciativa, la confianza, el anhelo del riesgo y el afrontar los obstáculos de modo creativo. ¿Algo innato o adquirido? Podemos decir que creativos somos todos, ese rasgo lo poseemos, si bien hay que exteriorizarlo, vivenciarlo y hacer que se manifieste, ahí es donde cobra sentido la Educación para la Creatividad.

El concepto del cual hablamos engloba una serie de componentes, requisitos y funciones implícitas en el ser humano y que los educadores, al trabajar con niños, estamos comprometidos a darle luz propia. Si tuviésemos que definirlo comprenderíamos que no resulta fácil:  ¿crear de la nada?, ¿ser único, especial?, ¿un don?, ¿inteligencia emocional?, ¿curiosidad? Habría que realizar un ejercicio de introspección a fin de describir qué cualidades reuniría el alumno creativo, cómo lo distinguiríamos en el conjunto de iguales y lo más importante, la posibilidad de formarles desde la docencia para que desarrollen una personalidad creativa.

Se podría deducir así que no somos conscientes de que traemos creatividad desde el nacimiento y que después se activa o permanece oculta dependiendo de las circunstancias que nos rodeen, evidente parece que es un término complejo, implica originalidad, flexibilidad, visión futura, iniciativa, confianza, riesgo y solución de conflictos u obstáculos sin miedo a equivocarnos, difícil de detectar en nosotros mismos y fácil de observar en los demás.

Y en el cole, ¿cómo se manifiesta? Cuando hemos tenido el contacto directo con escolares de diferentes edades seguro que nos han transmitido ideas, actitudes y destrezas que en ocasiones, con los compañeros de profesión hemos catalogado de únicas, irrepetibles, novedosas e irremplazables, precisamente porque al recordarlas les ponemos un nombre “lo dijo…”, una mente “tiene un pensamiento…”, un valor “es que está dotado de…”. Normalmente el niño creativo es sensible, imaginativo, competente, empático, audaz, arriesgado en sus respuestas, no muestra sentido del ridículo y además desea expresarse para que los demás le escuchen y apoyen.

Entonces vemos que, desde la experiencia, la creatividad se forma, se educa, se descubre porque en definitiva, muchos no sabemos ni que somos creativos, pensamos que eso sólo lo tienen los demás, por ejemplo, cuando debemos hacer algo artístico, componer una canción, escribir una carta de amor, dar ideas sobre un tema…

Seguro que si se nos pone en acción, delante de un dibujo abstracto que no comunica nada a simple vista y nos preguntasen qué observamos en él, cada cual le atribuiría un significado distinto, ligado a sus vivencias, emociones y conocimientos: “A mí me sugiere un paisaje húmedo tras la lluvia”, “Pues yo veo una mujer tumbada al sol”, “Me parece estar viendo una alfombra llena de niños contando un cuento desde la panorámica del cielo”…

De guiarnos en nuestras afirmaciones y potenciarlas nos sentiríamos bien, con el deseo de seguir indagando en manifestaciones curiosas y generalizarlas a otros ámbitos de la vida, de lo contrario, nos volveríamos inseguros, desconfiados y desmotivados con nuestras respuestas. ¿Qué debemos hacer los que entendemos de ello? Potenciar ese pensamiento divergente, que está ahí dormido y hacerlo resurgir en cada uno de los múltiples momentos que se presentan en las escuelas, en los descansos, en las actividades musicales, plásticas, literarias, matemáticas, lingüísticas, rutinas, salidas, participación con padres, explicaciones de los temas, etc.

Todo esto que venimos exponiendo se envuelve de un ambiente estimulante, participativo e investigador en clase, cuando les proponemos opciones que se alejen de cánones establecidos, otras formas de proceder, de decidir, de organizarse, de pensar, de respetar, de convivir con los iguales y adultos de un centro educativo. La creatividad también nos ayuda a favorecer la integración, adoptando expresiones de pluralidad, diversidad y enriquecimiento cultural, de comunicación trascendental entre los escolares. Tenemos que aprender a darles un margen de flexibilidad a lo que nos quieren comunicar, dejarles hablar, motivarles continuamente y animarles a que manifiesten aquello que llevan en su interior, que se sientan queridos y valorados, porque los maestros podemos convertir el espacio educativo en un entorno de asombro, experimentos e investigaciones múltiples, donde todas las ideas se encaminen a conseguir un desarrollo completo y equilibrado de su personalidad.

Igualmente las familias pueden colaborar aportando sugerencias, compartiendo y transmitiendo información de cómo se comportan en casa, qué actitudes creativas han notado y vivido con ellos, cualidades, destrezas, pensamientos expresados en voz alta. Hoy en día se nos brinda todo hecho, casi perfecto, surrealista, irreal a veces, vamos a hacer de esos recursos de antaño, de los tecnológicos de ahora, de nuestras propias manos un ejemplo a seguir para los niños, que nos vean cómo se nos ocurrió una idea y la ponemos en práctica, le damos forma en un objeto, en definitiva, que maestros y alumnos seamos pequeños inventores de creatividad.

Compartimos, para concluir, una cita que nos hace retroceder a la infancia y sentir algo conmovedor por esta etapa de la vida: “Es el niño en el hombre la fuente de su originalidad y creatividad y el patio de recreo, el medio óptimo para el desarrollo de sus capacidades y talentos”. (Eric Hoffer).

Por M.ª del Carmen Moreno Fernández

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